«Cuerpo en tensión», la obra de Pablo Guiot que estremeció a los asistentes a la vernissage del Premio Rioplatense de Artes Visuales, realizada a pocos días de la tragedia en la discoteca de Once.
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Realizada a mediados de 2004, la obra tal vez podría pasar a engrosar el álbum del arte que prenuncia el porvenir, pero lo que sin duda transmite y, de modo contundente, es el llamado espíritu de los tiempos. Publicada en estas páginas a fines de 2004, Informate más
Hoy los criterios para juzgar desde un status superior, qué puede considerarse buen o mal arte e, incluso, qué es -o noarte, son todos discutibles. Emitir un juicio estético implica cada vez más internarse en un terreno resbaladizo, donde predominan los criterios subjetivos. Pero hay algo que nadie discute: el artista debe ser sincero, dado que el arte está irreversiblemente ligado a la verdad. Frente a una «obra de arte», cada espectador puede encontrar la belleza o el espanto, lo que no se perdona es la impostura. Así, cualquiera sea su inspiración o su tema, su técnica o intención, el arte simplemente debe desplegar el encanto de su verdad, tornarla visible a los ojos de alguien sensibilizado para percibirla. Sin embargo, como hace unos años dijo
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