Las hasta ahora magras experiencias para imponer un nuevo formato digital -el DVD de alta definición- en la industria del entretenimiento, han cambiado el interés de los participantes en el medio, y una de las alternativas más rentables parece ser la utilización de Internet, donde ya existen numerosas experiencias aunque poco desarrolladas y promocionadas. La oferta en la red se ha intensificado y aunque ese segmento todavía representa una porción ínfima del negocio, los estudios cinematográficos también van realizando su propia siembra, pero siempre con el ojo puesto en la guerra de formatos en el sector que más les interesa.
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Sin embargo, es interesante analizar cómo la industria discográfica ha realizado un periplo similar, partiendo de soportes anlógicos para el sonido, haciendo su inevitable experiencia en los digitales y arribando, finalmente, a la virtualidad de Internet que, hoy en día, constituye la «parte del león» del mercado, generando beneficios que, en algunos casos, ya igualan a los que produce la comercialización convencional. A falta de nuevos soportes -que no parecen ser necesarios, en vista de las características del producto- la decisión pasa por mejorar la oferta a través de la red, algo que debe traducirse en por lo menos dos aspectos: los precios al público y la calidad de los servicios.
Después de la dura batalla que las discográficas sostuvieron con Napster, ha quedado evidenciado, por un lado, que ir contra la tecnología y contra los usos que la gente hace de ella, es absolutamente inútil y, de hecho, es desperdiciar un mercado potencial, que hoy se ha transformado en una rentable realidad. En segundo lugar, ese mercado tiene el tiempo a su favor, tanto por los avances tecnológicos a los que asistiremos en un futuro no tan lejano, como por el hecho de estar compuesto por generaciones que, casi desde la cuna, viven en contacto con las computadoras e interactúan con un entorno digital (¿cuántos jóvenes o adolescentes de la actualidad saben qué es un selector de canales?).
La realidad señala que actualmente el DVD tradicional genera la mitad de las utilidades que deja una película, y los estudios seguirán apostando a lo que, indudablemente, es «cosa segura». Pero prepararse para el porvenir y aggiornarse al cambio es una lección que la industria cinematográfica debería aprender de sus colegas del universo musical, más teniendo en cuenta que los usuarios lo hacen todos los días.
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