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13 de octubre 2026 - 12:59

El expresidente Eligio Ayala va en coche al muere

El escritor y político paraguayo Carlos Mateo Balmelli presentó “Celos”, una novela sobre el estadista que murió en 1930 en un tiroteo en casa de su amante. En este diálogo habla también de la ficción frente a la historia y de su posible candidatura presidencial en Paraguay

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Carlos Mateo Balmelli, escritor y político paraguayo, autor de "Celos - La bala que asesinó al estadista"

“Para que sea literatura, la voz tiene que ser auténtica. Si yo falsificara la voz de un personaje no lograría la autenticidad a la que la literatura puede aspirar”, dice a este diario el escritor y político paraguayo Carlos Mateo Balmelli, quien pasó por Buenos Aires para presentar su nueva novela, “Celos. La bala que asesinó al estadista” (Planeta).

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Mateo Balmelli (Asunción, 1961) se doctoró en Derecho en la Universidad de Maguncia, Alemania. Como dirigente del Partido Liberal Radical Auténtico fue convencional, vicecanciller, senador y presidente del Congreso. Entre 2008 y 2010 fue director general de la represa binacional de Itaipú. Hoy preside una sociedad de energías renovables y su nombre circula como posible candidato presidencial. Publicó quince libros: siete ensayos, entre ellos “Cuestión de Estado” y “Gobernabilidad democrática”, y ocho novelas.

Eligio Ayala (1879-1930), protagonista de “Celos”, fue ministro de Hacienda, presidente provisional del Paraguay entre 1923 y 1924 y presidente constitucional entre 1924 y 1928. La noche del 23 de octubre de 1930, cuando era otra vez ministro de Hacienda, fue a la casa de la mujer con la que mantenía una relación desde hacía años. Según la versión judicial, que se basó en el testimonio de ella, al entrar al dormitorio recibió un disparo de Tomás Bareiro, empleado del Banco Agrícola. Herido, Ayala le disparó cuatro veces y lo mató casi en el acto. Ayala, transportado en un coche al Sanatorio Masi-Escobar, murió al día siguiente.

En dialogo con Ámbito Carlos Mateo Balmelli dio detalles de su nuevo trabajo.

Periodista: Antes de hablar de la figura histórica de Eligio Ayala, quisiera saber cómo fue su acercamiento literario a él.

Carlos Mateo Balmelli: Fue increíble. Yo estaba durmiendo y en un sueño apareció Ayala. Me levanté, prendí la luz de mi escritorio y escribí: “Eligio Ayala”. Y arriba puse: “Celos”. Y así empecé. Pero no quería hacer una novela histórica. Podía haberme inmiscuido más en los años de gobierno y en su obra, pero iba a ser un tratado; podía caer, sin darme cuenta, en un estilo ensayístico. Quise evitar eso.

P.: ¿Hay aspectos de su vida que se ignoran?

C. M. B.: Muchos. Durante su estadía en Europa se supone que tuvo una conversación con Lenin. Estudió, no se sabe dónde ni cómo. Estuvo nueve años en Europa sin dinero. El Estado paraguayo no le pagó nada. Vivía, no sé de qué, de changas. El frío le molestaba mucho. No habrá tenido un departamento confortable, fue pobre. Y había guerra, del 14 al 18. ¿Qué podía hacer? No sé con qué recursos viajaba. No hay ningún documento. Hay cartas que él le escribía a la madre y al hermano. Nadie más.

P.: ¿Cómo es su método de escritura?

C. M. B.: Cuando yo me siento a escribir, conozco el inicio y avizoro el final. En el medio está la historia, pero también la imaginación. Lo que quiero crear es una verdad estética: trabajar con la forma a través de las palabras. La esencia de la realidad, para mí, es siempre la misma, en todas las épocas y en todas las circunstancias. La realidad es algo inmutable, que se expresa de manera diferente de acuerdo a los actores, al contexto, a su entorno, que va cambiando; pero la esencia de la realidad es la misma. Lo que buscamos al escribir es la verdad estética: una obra que entusiasme al lector, que no solamente lo entretenga.

P.: ¿Cuáles son los escritores por quienes más se siente influido?

C. M. B.: Borges y Kafka. Y me gustan Thomas Mann y Camus. ¿Por qué? Porque son escrituras que son mundos. En los cuentos de Borges siempre hay algo que explorar, siempre se descubre algo nuevo. Me apasiona su forma de literaturizar la filosofía. Todos los ordenamientos de la sociedad, del universo, de la física, de la naturaleza, de la política, del orden moral, están regidos por un principio. Me acuerdo de la frase de Einstein, que también usa Borges: “Gott würfelt nicht”, Dios no juega a los dados. Yo quiero expresar eso en mi novela. Einstein, en su cuestionamiento a la física cuántica, más allá de esa espontaneidad y esa fluidez que tiene el orden cuántico, decía que debajo estaba la realidad permanente, que se rige por otras reglas. Yo creo en eso. Hay un elemento que está presente en todos los comportamientos humanos.

Realidad e historia

P.: Cuando la novela toma como material hechos históricos y se aparta de la realidad, se produce una colisión. Thomas Mann escribió “Muerte en Venecia”. El protagonista se llama Gustav von Aschenbach, y cuando la toma Visconti, la lleva al cine, y ese Gustav von Aschenbach es Gustav Mahler. Ajusta la biografía de Mahler a von Aschenbach, y ahí vienen los problemas con los historiadores de la música. Ocurrió muchas veces que el crítico y el lector no aceptaran que la fantasía interviniera sobre la realidad. En el caso de Ayala, ¿la biografía oficial coincide o no con la novela?

C. M. B.: En la parte de la vida privada no coincide. Pero, en todo caso, no hay mayor honor, mayor placer para un escritor, que ser expropiado por el lector. Eso es una cosa genial: que el lector se enoje con el autor, le expropie la verdad estética y, como diría Borges, la reescriba, la lea a su manera. Lo mismo que hace el escritor con la historia. Así como crear es un acto libre, leer tiene que ser un acto de libertad también.

P.: ¿Hilda Diez, la criada y amante, es real también?

C. M. B.: Sí. La que es ficticia es la tía, que antes que Hilda fue criada en su casa y es quien llevó a Hilda. En mi novela, Ayala también tenía relaciones con la tía.

P.: Eso es un poco vargasllosiano, como “La tía Julia y el escribidor”: Vargas Llosa tenía cierta pasión por las tías.

C. M. B.: La verdad que no lo pensé. Pero yo tenía que ver cómo introducía a esta mujer en el círculo de Ayala. Tenía que haber un canal. Y el canal fue una tía que inventé. Una tía que envejece con Ayala y se da cuenta de que ella también fue usada como mujer. Y entonces le advierte a la sobrina: “El hombre, más de lo que te da al inicio, no te va a dar a lo largo de la vida. Aprovechá tu tiempo”.

P.: ¿Y el resto de los personajes son ficticios? ¿Apolonio, el hombre que le avisa de la traición de Hilda?

C. M. B.: Apolonio es ficticio, pero la madre, el hermano y el tío son reales. El doctor Cayetano Maciel es real. José P. Guggiari, que era presidente de la República, es real. Hay algunos personajes históricos para asentar la novela sobre una base histórica. Lo mismo pasa en “El elevado precio del honor”, sobre Hans Langsdorff, el capitán que se suicidó en Buenos Aires después de la batalla del Río de la Plata: también ahí hay muchas cosas ficcionadas.

P.: Hablando de las influencias literarias, yo pensé en “La Regenta”, de Leopoldo Alas, y en “Ana Karenina”, de Tolstoi. Es decir, un triángulo amoroso y trágico, siempre presente.

C. M. B.: Yo creo que uno escribe lo que vive, lo que se imagina y lo que lee. Lo mismo el estilo. Yo no escribo párrafos largos; a pesar de hacer novelas, soy muy telegráfico. Nada de subordinadas ni párrafos largos. Los diálogos aligeran la lectura, cumplen una función muy importante. En “Celos” hay un narrador omnisciente. Están los protagonistas que hablan. Y luego, en este caso, ya muerto, habla Ayala justificando lo que pasó. Habla Tomás Bareiro, el amante, explicando su versión de los hechos. Y habla Hilda Díez, también con su versión. Después termina con un manuscrito que se le encontró a Ayala tiempo después de su muerte, un manuscrito que dice: “Acabo de terminar de leer Vidas paralelas”. Ahí él habla también de su estado patrimonial y cuenta lo que cree que son los grandes hombres. Yo creo que ese era el espejo en el que él quería verse reflejado. Establece los componentes, el arquetipo de lo que debe ser un gran hombre de Estado.

P.: Ahora, para relacionarlo con la frase de Borges del epígrafe, “la derrota es más honrosa que la ruidosa victoria”: ¿Ayala triunfa o pierde?

C. M. B.: Él entra en una situación de pérdida a pérdida. ¿Qué podía ganar Ayala si sobrevivía? La deshonra, la desesperanza, la cárcel. Bueno, quizás lo hubiesen tratado con ciertos privilegios, porque había sido presidente. Pero estaba muerto. Era un muerto cívico, un homicida. Y además, después de haber sido presidente de la Cámara de Diputados, juez, dos veces ministro de Hacienda, dos veces presidente, el hombre que preparó el Paraguay, que hizo todas las leyes, iba a estar en la cárcel.

El ex presidente paraguayo Eligio Ayala (1879-1930), protagonista de “Celos - La bala que mató al estadista”.

P.: Cuando fue a la casa de Hilda, ¿Ayala sabía que iba a matar?

C. M. B.: A matar y posiblemente a morir. Él fue armado, pero sabía que Hilda tenía un revólver, porque él se lo había regalado. Él elige el sitio, la hora, su verdugo y el arma asesina. Sabía que a las ocho el otro iba a estar ahí, sabía todo. Por eso se fue armado. Lo que pasa es que se torturaba con pensamientos obscenos, y hasta llegó a excitarse pensando que ella hacía el amor con otro. Era una tortura. Empezó a delirar. Un hombre como él, para cometer ese acto, por más que lo haya deliberado, tenía un torbellino de pensamientos obscenos que en algunos momentos le repugnaban y en otros le producían una suerte de excitación. Hay un remolino de cosas que lo vuelve loco. Y sale y mata, pese a que nunca fue un descontrolado. Era un hombre que manejaba los asuntos del Estado, que le decía a un general: “No te vayas a Francia, no te quedes en París; andá al norte de África, a Marruecos, porque la guerra va a ser en el Chaco, en el desierto”. Un estratega. Las cañoneras las compró él; son las dos que tenemos en Paraguay, y en una de ellas se refugió Perón en el 55.

P.: ¿Cuál era su posición política?

C. M. B.: Era un liberal alemán, no un liberal anglosajón o francés. Le daba un papel muy importante al Estado. No aprobaba el liberalismo de mercado, como ahora. Era un hombre muy formado. De hecho, en sus textos cita a los clásicos; tiene un trabajo sobre el materialismo dialéctico y otro sobre las migraciones.

Portada de "El andar del lobo", otra de las novelas de Carlos Mateo Balmelli.

Las otras novelas de Carlos Mateo Balmelli

P.: Sigamos con la lista de libros. Hablemos de “El andar del lobo”.

C. M. B.: Mi idea era darle voz al mal en el personaje del nazi Wolfgang. Max Weber decía que una cosa es entender, que es establecer la relación causa-efecto, y otra es comprender, que es ponerse en el lugar del otro. Yo me puse en el lugar del otro y le di voz al malo. Pero tomé los recaudos en el final para demostrar que no es una apología del nazismo. Para que sea literatura, la voz tiene que ser auténtica. Si yo falsificara la voz de un personaje, si la adulterara, no lograría la autenticidad a la que la literatura puede aspirar. Ahí entra un poco Dostoievski: cómo a Raskólnikov, el amor lo redime. Él se enamora de una mujer, pero su instinto lobuno no lo abandona. El amor lo desplaza en una etapa de su vida, y después entra a cuestionar la justicia divina y la justicia de los hombres.

P.: Luego está la trilogía.

C. M. B.: Sí. Una de esas novelas es “El Premio Nobel”, sobre un pastor evangélico, casado, que se enamora de una mujer mucho más joven que él, porque ella lo inspira a escribir un libro. El problema es que ese libro refutaba toda la tesis cristiana del universo, de la naturaleza y de la ciencia. Él es un Kepler, un Copérnico, un kantiano que niega todo el pensamiento bíblico. Entonces, en su ficción, crea un personaje que se llama Ulpiano, y le va contando a Irina, la joven, cómo va a ser la novela.

P.: ¿Hay muchos protagonistas reales en sus novelas?

C. M. B.: No. Los únicos son Langsdorff, del que hablamos hace un rato, y Eligio Ayala. Las otras seis novelas tienen personajes ficcionales; eso da un poco más de libertad. Aunque en “La pasión de Lucrecia” aparecen Stroessner, también ficcionado, y Enrique Gorriarán Merlo, el que va a cometer el atentado contra Somoza en Paraguay. Los personajes aparecen con su nombre, pero no sé si lo que dicen ahí es cierto.

P.: Sé que existe la posibilidad de que se haga una película sobre “La pasión de Lucrecia”.

C. M. B.: Sí, estamos en una coproducción. Todavía no puedo dar los nombres de la gente, pero ya se está trabajando fuerte sobre esa novela, porque en “La pasión de Lucrecia” entra como protagonista un personaje muy cuestionado en la Argentina y en el mundo, como Gorriarán Merlo; los atentados; la figura de un general presidente, como era Stroessner en esa época. Hay una historia de amor muy fuerte. Un paraguayo de la familia más distinguida, que vivía acá, que estudió en La Plata y se nutre de las ideas guerrilleras del ERP, vuelve a Paraguay. Entonces le dicen: “Infiltrate en el círculo áulico de Stroessner, enamorá a la hija del ministro del Interior y sacale toda la información sobre Somoza para el atentado”. Había un director argentino muy conocido, pero quería hacer una miniserie. Dijimos que no, vamos a una película, algo clásico.

P.: Lo que también es una constante en su literatura es el elemento amoroso en los políticos: cómo se explica a veces la vida de un político por ese punto débil que condiciona el resto de su existencia.

C. M. B.: Es que Ayala pensaba que ese era un punto débil, y Wolfgang también. Por eso Wolfgang, cuando estaba en las SS, se reúne con el carnicero de Praga, Heydrich. Tenían un grupo áulico de cuatro. Y Wolfgang decía que él no podía dedicarse al amor, y esa gente andaba con putas.

P.: Ayala, por un lado, era un solterón empedernido, pero por otro lado un Don Juan.

C. M. B.: Sí, pero para saciar lo fisiológico. Era animalesco. No había amor. Mecánica pura. Después de Europa llega a Paraguay y se somete al estrés de la carrera pública. Es un hombre que todo el mundo reconoce como muy formado, y en aquella época la política era sensible a la inteligencia. Hoy la política es alérgica a la inteligencia. Hoy la política quebranta el puente que cada día une conocimiento y decisión. Hoy la política tiene una actitud hostil a la cultura.

P.: Y a veces hay complicidad civil con el deterioro de la cultura. Y más hoy, con la desaparición del hábito de leer.

C. M. B.: Yo creo que también se da eso. Todo contribuye. Se puede ver aisladamente cada cosa, pero hay un momento histórico. Son las pautas del comportamiento histórico, que retornan. No sé si es, como decía Nietzsche, el eterno retorno. Yo creo que hay una realidad que en cada época se expresa por diferentes estímulos, adquiere formas diferentes y después vuelve. No hay nada nuevo en el mundo. Lo único puede ser la tecnología.

Paraguay, hoy

P.: Hablemos un poco de política en el Paraguay de hoy. Sé que existe la posibilidad de que le propongan una candidatura presidencial.

C. M. B.: Así es, por el Partido Liberal Radical Auténtico. En Paraguay tenemos los mismos problemas que tienen ustedes. En primer lugar, la matriz institucional: la política, de alguna manera, desvirtúa la matriz institucional. El Poder Judicial es un problema en mi país. La representación parlamentaria es la peor de toda nuestra historia. Entonces hay una degradación política y parlamentaria, empezando por el lenguaje. Hay que estudiar a China. Si no me equivoco, China tiene más doctores en el Politburó del Partido que el Congreso norteamericano. Yo no estoy defendiendo el modelo chino; lo que digo es que en China se toma en serio la calidad, la selección. Nosotros hemos establecido sistemas electorales en los que los resultados son incompatibles con la excelencia. La política tiene que volver al maridaje entre ética y racionalidad que produce excelencia en la gestión pública. Si no logramos eso, vamos a andar a los tumbos. En mi país pasa eso.

P.: ¿Qué otros problemas tiene el Paraguay de hoy?

C. M. B.: Un horizonte energético limitado: debemos generar nuevas fuentes de energía, renovables o lo que sea, porque las matrices energéticas van a ser plurales. Se va a usar de todo, se va a usar la energía atómica, porque cada día se va a consumir más energía. Y la inteligencia artificial es la mayor consumidora. También tenemos un problema tributario, que ustedes también tienen, ¿verdad? Si no resolvemos el problema tributario, vamos a tener los problemas que tienen ustedes. Y después, el sistema financiero: el Banco Central perdió un poco de autonomía por razones políticas, y el sistema financiero es muy importante.Hay que tener en cuenta dos cosas. En primer lugar, el motor del desarrollo es el ahorro doméstico. Pero el ahorro externo, la deuda externa que se va haciendo, no solamente la del Estado sino también la del sector privado, debe estar acotada, y tenemos que vigilar el flujo de capital que llega a nuestros países, porque así como llega, sale el día de mañana, sin que uno se dé cuenta. Esas son tres cuestiones, tres instrumentos de política pública para poder tener políticas sociales.

P.: ¿Cómo pinta el año que viene?

C. M. B.: Creo que el modelo colorado está obsoleto. A la gente le cansa que un político llegue a un cargo y nombre a todos sus hijos. A la gente le cansa que un señor que era el juez de jueces resulte que no era ni abogado: nunca fue a la universidad, no tenía ningún título universitario.

P.: ¿Y cómo se ve en las encuestas, por ejemplo?

C. M. B.: Las encuestas en Paraguay fallan todas. Son herramientas de campaña electoral. El Paraguay está para un cambio. Va a depender de que la oposición presente el candidato. Hay que lograr que sectores del Partido Colorado acepten a un candidato de la oposición. El Partido Colorado es el partido mayoritario del Paraguay porque tiene la mayor estructura electoral, y es un país de 6 millones de habitantes. Tenemos 300 mil empleados públicos que en su mayoría son colorados. Una base electoral poderosísima.

P.: ¿Cuál será el próximo libro?

C. M. B.: Utilizando el recurso del diálogo, quiero que hablen Dante y Sarmiento. Dos vidas increíblemente similares en su destino, en todas sus cosas y en toda su idea de la política. Eran dos hombres de palabra que buscaban su verdad estética. Dante trabajó años para hacer la “Divina Comedia”, y Sarmiento fue un escritor prolífico y brillante. Los dos ocuparon cargos. Los dos estuvieron en el exilio. Uno quería la unidad de Italia y el otro, la de la Argentina. Polémicos, guerreros. Pelearon los dos. Eran hombres conflictivos; hay una similitud increíble.

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