21 de julio 2008 - 00:00
El marketing genera récords en el mercado internacional
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«Por el amor de Dios», la calavera decorada con 8.601 diamantes
(1.106 kilates) de Damien Hirst, que se vendió el
pasado en 100 millones de dólares.
El segundo mayor precio para una escultura es también un caso insólito y difícil de explicar. No se trata de una obra reciente sino que fue realizada por un artesano anónimo que vivió en lo que hoy es Irak hace ya 5000 años. La obra se titula «La Leona Guennol» y fue descubierta en 1930. Mide tan sólo ocho centímetros de altura y en diciembre pasado se vendió en Nueva York en la suma de 57 millones de dólares. Había cinco compradores en la sala de Sotheby's, de los cuales, finalmente fue un inglés el que se llevó la miniatura.
El tercer mayor precio ha sido para un bronce de Pablo Picasso que representa la cabeza de Dora Maar, seudónimo de una niña llamada Teresa Markovitch, criada hasta sus 19 años en la ciudad de Buenos Aires, y que luego fue fotógrafa y una tumultuosa amante del genial malagueño. Se pagó por ella la suma de 29 millones dólares. Hay otros nueve bronces originales de la misma.
El cuarto mayor precio es para un bronce contemporáneo al nacimiento de Cristo. Es una escultura de 91 cm. de altura que pertenecía al Museo Albrigh Knox de Tejas y fue comprada por Giuseppe Eskenazi, que se dedica a comprar y vender arte chino y no es afecto a los negocios petroleros o financieros como lo es la familia en nuestro país. La obra se titula «Artemisa y el ciervo» y muestra a Diana, la diosa de la caza.
El quinto mayor precio para una escultura es del estupendo Constantin Brancusi, un paisano rumano, que es la mayor expresión de síntesis y belleza. Una de sus composiciones, «Pájaro en el Espacio», fue vendida en 27,5 millones de dólares. Fue realizada en 1922 en Paris, donde a pocas cuadras trabajaba nuestro Pablo Curatella Manes, cuya mayor venta ha sido 275.000 dólares (tan sólo 1%).
El sexto mayor precio es para el genial suizo Alberto Giacometti, cuyas características alargadas figuras son el contrapunto de los «gorditos» de Botero. Su «Gran Dama», que habia sido un encargo para un parque en Manhattan se vendió también en 27,5 millones de dólares.
El séptimo mayor precio se logró hace tres semanas en Londres, por la titulada «Flor Globo de color Magenta» de Jeff Koons (que nos recuerda al material brilloso de los globos de los adornos en árboles de Navidad). Se pagó por ella 25,7 millones de dólares.
Koons es otro mimado de los marchands actuales y, junto con Hirst y Freud, las tres grandes figuras del mercado de arte contemporáneo. Los museos de arte moderno atesoran la mayoría de sus obras y siempre el escándalo está a la orden del día cuando alguien trata de impedir la exhibición de alguna de las creaciones de Hirst o Koons que son consideradas pornográficas o escatológicas.
Ya conocemos esta estrategia de lograr popularidad a través del escándalo y estos dos jóvenes artistas y sus representantes manejan el tema con la misma habilidad de Leonel Messi con la pelota de fútbol. Hirst fue contratado por Charles Saatchi (un famoso publicista) en 1992, y durante una década tuvieron una relación estupenda que se cortó luego. La primera acción de marketing fue la compra en un millón de dólares de una escultura que contiene a un tiburón tigre de cuatro metros embalsamado y rodeado de formol, como si estuviera en una pecera. Esta obra se vendió en 15 millones de dólares en 2004 y, no mucho después, el comprador, Steve Cohen, tuvo que pedir al artista que cambiara el tiburón porque estaba podrido, asi que lo cambiaron y hoy la escultura está en préstamo en el Museo Metropolitan de Nueva York donde luce inofensivo.
El octavo mayor precio es para el norteamericano David Smith, que trabajaba en aceros pulidos. Su obra «Cubi XXVIII» fue pagada por el marchand Larry Gagosian la suma de 23,5 millones de dólares y luego vendida a Eli Broad, que siempre la contemplaba en el Museo Guggenheim de Nueva York.
El noveno mayor precio es para la obra «Eva» de Aguste Rodin que se pagó 19 millones de dólares.
Originariamente era una dama que se abrazaba en el sector del infierno en la «Puerta del Paraíso» que estaba presidida por «El Pensador», que hoy sigue en el infierno rodeado de carpas en la Plaza del Congreso, aunque se lo puede disfrutar mejor en el Museo Nacional de Arte Decorativo en la muestra actual.
El décimo mayor precio es también para Giacometti.
No sabemos qué compra hoy el mercado, si son esculturas, diamantes, tiburones, miniaturas, o la corta fama que sin duda es «puro cuento».




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