Sin duda este ha sido un año estupendo para el mercado del arte en la Argentina. Se estima que las ventas han crecido en 25 por ciento y los precios en 33 por ciento. Las grandes obras no aparecen y con inteligencia la gente no quiere desprenderse de ellas. Como el mercado está demandante y atractivo, las subastas se repiten y desafortunadamente entre ellas mismas no coordinan las fechas de remate, algo que muchos vienen pidiendo hace ya muchos años, con lo cual se produce una avalancha de 3.000 obras en oferta en tan sólo 10 días y luego pasan 20 días sin que haya ningún remate.
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Las casas de subasta han aumentado su difusión, sus catálogos son cada vez más importantes y en la mayoría de ellas, la selección de obras y el cuidado de que las mismas sean auténticas se nota; y cuando se produce alguna equivocación inmediatamente lo corrigen y retiran los lotes de subasta.
La casa de remates Saráchaga, que dirige Juan Antonio Saráchaga y que fuera fundada por su padre hace ya casi 70 años, ha tenido el mejor año de su historia, y lo cerró con una subasta donde había importantes obras y donde se produjeron algunas sorpresas de interés.
Una pintura de tema oriental, realizada por el maestro Paul Leroy multiplicó por cinco su base, que era de 12.000 dólares, para venderse en cerca de 60.000 dólares. La obra -quizá incorrectamente titulada «En el harem»- es de pequeño formato (82 x 65 cm) y en ella se destacan los azulejos del interior de la escena, donde una niña está tiñendo unas telas, También sorprendió la intensa puja que hubo por el postimpresionista uruguayo y desgraciadamente poco conocido Manuel Rosé. Una obra que estaba tasada en 25.000 dólares, sin duda una suma elevada para el artista, se vendió en 42.000 dólares, un nuevo récord internacional del artista. Otra de las sorpresas fue una obra del también poco conocido español Manuel Abelenda Zapata que tenía una atractiva base de 2.400 dólares y se vendió en 14.000, multiplicando por 6 su estimación.
Entre la pintura nacional, la estrella de la noche fue sin ninguna duda el ecológico y gran pintor que es Nicolás García Uriburu. Uno de sus característicos ombúes duplicó su base vendiéndose en 8.000 dólares, y una gran pintura de un cisne, realizada hace 30 años, que tiene como paisaje la Laguna del Sauce de Punta del Este, se vendió en más de 30.000 dólares, triplicando su base.
Como siempre se vendieron muy bien las esculturas de Pablo Curatella Manes, tres pequeñas obras de su producción francesa. Otro que triplicó la base fue un pastel de Valentín Thibon de Libian que se vendió en 22.000 dólares. La obra de Leónidas Gambartes, escasa en nuestro mercado y siempre de interés, duplicó su base vendiéndose en 7.000 dólares. Como siempre las obras de la francesa Leonie Matthis, nacida en la región de la Champagne, pero argentina por vocacióny porque vivió aquí casi cuarenta años, triplicaron sus bases.
El Banco Ciudad también realizará un remate el jueves 14, en el que se destacan un precioso gofrado de Antonio Berni de un torero, sin duda la imagen más popular de todos sus grabados, tiene una base de 6.000 pesos y es casi seguro que la duplicará. También se ofrece una obra temprana del recordado riojano Leopoldo Torres Agüero, una obra figurativa del año '48 que se espera supere su módica base de 1.500 pesos. Sin duda, el crecimiento del mercado está dado por la incorporación de nuevos compradores. Como hemos dicho ya repetidamente en estas páginas, el coleccionar arte da prestigio, y esto ha prendido fuertemente en la sociedad que demanda cada vez mejores obras en oferta.
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