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30 de enero 2008 - 00:00

"El país fue potencia cuando lo administraba gente seria"

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Dodero: «Sí, nuestro patriciado buscaba lo aristocrático, lo suntuoso, lo prestigioso, pero no era broma; esa gente trabajaba y buscaba mejorar».
Se podría pensar que Alberto Dodero, que ha sido publicitario y vive en un piso de avenida Alvear, se ha dedicado ahora -como corresponde- a hacer lujosos libros coffee table, libros de arte, que recuperar el más aristocrático pasado del país. Pero su proyecto, sostiene, ha sido otro «mostrar lo que fuimos y lo que tenemos que volver a ser, el país de la magnificencia». Y si en su libro «Argentina de los años dorados» (que cuesta unos 100 dólares) exhibe los valores culturales, artísticos, arquitectónicos, que son herencia del patriciado (al que Dodero está unido por múltiples lazos familiares), en el próximo quiere mostrar «ahora el otro lado, aquello que ayudó a forjar la inmigración, los sectores medios». Dialogamos con él.

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Periodista: ¿Cómo se define: editor, escritor, publicitario?

Alberto Dodero: Fundamentalmente como investigador histórico autodidacto. Si bien he sido publicitario durante muchos años, siempre me gustó la investigación histórica. Como editor y autor he hecho con mucho esfuerzo dos libros, con la colaboración de Philippe Cros, «Los pintores franceses en el Río de la Plata» y «Argentina los años dorados: 1889-1939», que más allá de ser una edición limitada tiene una versión en inglés, «Argentina The Golden Years», que hoy está en la vidriera de la librería Galiagnani, en Rue de Rivoli, una de las más emblemáticas de París. A esos dos libros pronto agregaré el tercero, que será la contracara de los mostrado en «Argentina de los años dorados», tratará de que ocurrió en esa época con los inmigrantes, con los sectores más humildes, como siempre esencialmente a través de imágenes,que son tan expresivas, tan significativas.

P.: ¿Cómo trabajó en la investigación con Philippe Cros?

A.D.: Philippe es un historiador francés, un jurista especializado en Derecho Internacional, un egresado de la Ecole du Louvre, y dirige la Fundación Bemberg en su natal ciudad de Toulouse. Es, sobre todo, mi amigo y un enamorado de la Argentina.

Comenzamos a investigar sobre los pintores franceses que habían llegado al Uruguay y a la Argentina de comienzos a fines del siglo XIX. Mientras yo rastreaba obras acá, él hizo lo mismo en París y en Biarritz; se dedicó a toda la parte dedicada a lo que ocurría en Francia, a saber por qué esos artistas venían a nuestro país.

P.: En su caso, ¿que lo movió a investigar?

A.D.: He oído tantas anécdotas de «la época de oro de la Argentina» que quise ver cómo era realmente. Quise saber por qué Buenos Aires era un polo de atracción internacional. Cómo fueron los años en que nuestro país era una potencia mundial, ocupaba el sexto lugar en el ranking de los países más ricos del orbe, y era respetado en el mundo entero. Así durante cinco años estuve investigando en archivos, museos, bibliotecas, hemerotecas y colecciones privadas. No sabía que me iba a encontrar con un material iconográfico tan extraordinario. Haciendo ese camino investigativo fui aprendiendo muchísimo, entendiendo mucho sobre nosotros.

P.: ¿Por ejemplo?

A.D.:
Que tuvimos un país maravilloso cuando fue administrado como los dioses por gente que pensaba con seriedad en el país. Podían ir a Europa a cada rato, pero no dejaban de pensar en la Argentina. El estanciero no se iba a tirar manteca al techo (un chiste que no tiene ningún referente en la realidad), volvía con campeones para mejorar su ganado.

Invertían, construían, valoraban la ciencia, el arte y la cultura.

Había un enfoque distinto del país. La del Río de la Plata fue una europeización como no hubo otra en América. Nuestro país seducía, crecía la inmigración, aquí venían Einstein, Toscanini, Sarah Bernhardt, Nijinsky, la lista de los mejores que nos visitaban es enorme. Sí, nuestro patriciado buscaba lo aristocrático, lo suntuoso, lo prestigioso, pero no era broma... esa gente trabajaba y buscaba mejorar.

P.: Y viajaba con la vaca atada.

A.D.: Es que tenía que ser así, es muy comprensible. Viajaban en familia, con niños, el viaje era largo, duraba mucho, y llevaban vacas para tener leche fresca y gallinas para tener huevos frescos, porque la refrigeración era pésima. Hoy la tecnología nos hace pensar que lo hacían porque querían demostrar que eran los ricos de las pampas, pero hay que ponerse en la época, en el momento. Esa frase hoy se dice en forma despectiva pero hubo más de una razón para que lo hicieran así. Hay muchas cosas que son mitos y leyendas que hay que volver a observar, a revisar.

P.: ¿Por caso?

A.D.:
Hasta dónde fue esencial la educación, que era del Estado, nos dio profesionales fuera de serie, premios Nobel. Acá surgía un médico, el doctor Segura, y lo invitaban de Alemania para que enseñara a realizar esas operaciones magistrales que él realizaba. Estábamos avanzados, se buscaba un país progresista, integrado al mundo. Yo he visto una carta que la Reina Victoria le envió a Sarmiento donde le pregunta por qué había elegido traer a la Argentina maestras norteamericanas en vez de profesores británicos. Y Sarmiento le contestó: porque los norteamericanos están mas avanzados. No se equivocaba. Se tenía un plan para el país. Se observa cuando en la primera presidencia de Roca se establecen los trenes, que conectan al país con el puerto y permiten colocar nuestras mercancías en el exterior.

P.: ¿Por qué el libro es a la vez una antología de textos?

A.D.: Cuando ya había avanzado bastante en el proyecto de libro y en la investigación de cómo habían sido los años doradosaquí, porque en la posguerra hubo años dorados en gran parte de Occidente, ya como editor contraté a los que para mí eran los escritores, ensayistas, historiadores más acordes para estar en esa obra. En los dieciséis capítulos, donde yo escribí sólo uno dedicado a la emperatriz Eugenia y mi amigo Philippe Cros sobre «Biarritz», hay textos del magnífico Ernesto Schóó (que empezó escribiendo uno y terminó con tres) sobre «Las residencias de Buenos Aires», «El viaje en barco» y «La era de Alvear»; Félix Luna trató un tema que le es muy querido: «El Centenario»; María Sáenz Quesada sobre «Los estadistas» (donde está la foto del viaje inaugural del subte que iba de Plaza de Mayo a Congreso en 1913) y «Las estancias»; el arquitecto José María Peña trató sobre «La década del 30»; Francis Korn sobre «Mar del Plata», y la Princesa Napoleón Murat me entregó cinco aportes: «París en la Belle Epoque», «La Gran Guerra», «En Buenos Aires como en París», «París después de la guerra» y «Los casamientos».

P.: ¿Quién es la Princesa Napoleón Murat?

A.D.: Es escritora en Francia, con ocho libros publicados. Descendiente de Jean-Baptiste Colbert, ha escrito la hasta hoy mejor biografía sobre él. Es hija del duque de Luynes y Juanita Díaz de Unzué. Inés conoce y ama a la Argentina como pocas personas, como lo demuestran sus escritos.

Entrevista de Máximo Soto

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