Como otros espectáculos del mismo tenor, su valor radica en el hecho de que la realidad está observada con gentileza, profundizando en hechos aparentemente insignificantes que, sin embargo, parecen iluminados por la mirada comprensiva que se arroja sobre ellos.
Las estrecheces, las preocupaciones por los hijos, el amor, la admiración con que la mujer contempla el modesto escenario de una fiesta pueblerina que para ella es como una explosión de fantasía, todo está teñido de respeto y mansedumbre, y por ello surge de su relato una poesía humilde que en ningún momento roza la sensiblería.
El personaje, sin proponérselo, es un testimonio de quienes aceptan la vida como un regalo, encontrando en ella el sentido profundo de la existencia, sin rebeldía y sin cuestionamientos. Por ello, tal vez, el miedo no lo perturba en ningún momento, y el trabajo lo sostiene dándole valor y dignidad.
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