«La vida de Inés Suárez demuestra, una vez más, que la
realidad puede ser tan atractiva y sorprendente como la
mejor ficción», señala Isabel Allende.
En los últimos tiempos Isabel Allende viene sorprendiendo a sus lectores saltando de género en género, recreando la historia de «El Zorro» o publicando una trilogía de aventuras para el público juvenil «Las memorias del Águila y el Jaguar». Ahora, por primera vez, ofrece una novela histórica cuya protagonista, Inés Suárez, un personaje de la historia de Chile, por momentos recuerda a mujeres de «La casa de los espíritus» o «De amor y de sombra». «Inés Suárez fue una costurera extremeña que en el siglo XVI decidió tener una vida épica de amores pasionales y aventuras desaforadas», explica Isabel Allende, cuando dialogamos con la gran escritora chilena en su breve visita a Buenos Aires.
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Periodista: ¿Por qué se decidió a escribir una novela histórica después de tantas novelas de ficción?
Isabel Allende: He escrito novelas situadas en otra época, y he hecho mucha investigación histórica. Incluso para «El Zorro» hice investigación histórica. Pero cuando estaba escribiendo «Mi país inventado» me fui a la historia de Chile, y descubrí que hay momentos y personajes fascinantes que no se habían explorado. Uno de ellos es Inés Suárez, una mujer que se parece mucho a otras protagonistas de mis libros. Mujeres fuertes que desafían todo, que salen a desafiar el patriarcado, que se meten a hacer cosas que hacen los hombres y que descubren, en el proceso, la libertad. Generalmente inician ese proceso por amor, por seguir a un hombre, y después terminan encontrando algo personal, a lo cual ya no pueden renunciar, que es la libertad.
P.: A Inés Suárez la vida pareciera llevarla de hombre en hombre, como si anduviera buscando un amor pasional que fuera definitivo.
I.A.: En el caso de ella eso es histórico, ocurrió tal cual está contado. Vino a América en busca de su marido. Aquí se encontró con Pedro de Valdivia, maestre de campo de Francisco Pizarro, con quien tuvo un amor apasionado. Pedro de Valdivia la traicionó. La Inquisición la obligó a separarse de ella y a quitarle todo sus bienes. Entonces la única manera de salvar todo lo que ella había acumulado, que se lo había ganado más que cualquiera de los capitanes, era casándose y que los bienes de ella pasaran a nombre del marido, como se usaba en aquella época. Así salva sus propiedades, pero se casa con el hombre de su elección, Rodrigo de Quiroga, más joven que ella, el más noble de la conquista, respetado por todos, dos veces gobernador de Chile, que la había amado desde la primera vez que la vio. Inés se casa con él y lo adora por más de 30 años, y mueren con días de diferencia. Al mismo tiempo, los mapuches se están comiendo al tonto de Valdivia. Era una historia demasiado linda como para dejarla de lado.
P.: En su novela hay un juego narrativo interesante. Usted, Isabel Allende, encarna a Inés Suárez que le cuenta su historia a Isabel, ¿a usted misma?
I.A.: (Se echa a reír) Bueno porque la hija se llamaba Isabel Quiroga, la casualidad es que somos tocayas. Es un juego muy curioso, pero que no fue intencional. Desde que me puse a escribir la novela me di cuenta que tenía que ser contada en primera persona. La distancia en el tiempo, 500 años, y la distancia cultural es tanta, que quería traer a mi lector lo más cerca posible para tenerlo conmigo, y pensé que con la primera persona lo podía lograr. Y luego, una mujer como Inés, en aquella época, no habla para la historia. Una mujer que aprendió a escribir tarde, que no era particularmente culta, le contaría su vida a su hija. Y resulta que su hija se llamaba Isabel, mire la casualidad.
P.: ¿Le da toques de realismo mágico a su Inés cuando le hace descubrir agua en el desierto?
I.A.: Eso es histórico.
P.: ¿Y cuando la hace decapitar caciques indios?
I.A.: Eso es histórico. Las únicas cosas sobre Inés en las que coinciden los historiadores es que encontró agua en el desierto y que salvó la ciudad de Santiago al decapitar a los caciques mapuches. Todos coinciden en que los siete caciques que estaban prisioneros eran custodiados por dos soldados. Ella entra y les dice: mátenlos. Había orden de Pedro de Valdivia de mantenerlos con vida para poder canjearlos. Un soldado le dice: ¿cómo quiere que lo hagamos? Ella dice: ¡así!, y le corta la cabeza al primero. A partir de ahí hay dos versiones. Una que le corta la cabeza a los siete, y otra que se la corta al primero y luego los soldados se la cortan a los otros. Pero que ella tiró las cabezas desde una barricada, eso es totalmente histórico.
P.: Y allí la realidad supera al a ficción.
I.A.: Es cierto hay momentos del libro que parecen realismo mágico, y fue por eso que puse la bibliografía al final. Por ejemplo esa batalla en la que aparece una luz en el cielo. Los mapuches la ven como un mal augurio y se retiran cuando tenía la batalla ganada. Y los españoles ven esa luz como el apóstol Santiago montado en un caballo blanco surcando el cielo o como a la Virgen María. Posiblemente era un cometa pero que haya aparecido en ese momento y determinado la batalla es un milagro. Algo así no se puede poner en una novela sin que se piense: ¡Qué recurso tan fácil! Pero es un hecho histórico.
P.: ¿Sigue comenzando sus libros el 8 de enero?
I.A.: Mi primer libro lo empecé en ese día, cuando me avisaron que mi abuelo estaba muriendo. Me puse a escribirle una carta que terminó siendo «La casa de los espíritus». Y por cábala, comencé así el resto de mis libros. Ahora mi vida es tan caótica que si no me organizo para dejarme los primeros meses libres no podría escribir, cumplir con mi promesa de un libro al año.
P.: ¿Cuál es el próximo?
I.A.: El 8 de enero pasado empecé una memoria de los últimos diez años de mi familia, y ya la terminé. El próximo año quiero escribir una novela sobre el Caribe que es una zona maravillosa y a principios de 1800 todo pasaba por allí. He estudiada la época y el lugar, pero aún no tengo la historia. Me pasa lo de siempre no se lo que voy a contar pero tengo la escenografía.
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