Almudena Grandes «Castillos de cartón» (Barcelona, Tusquets, 2004, 200 págs.)
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La aparición de «Castillos de cartón» fue recibida con cierta frialdad por algunos críticos españoles, que consideraron a esta nueva novela de Almudena Grandes como un producto inferior en relación a sus últimos títulos («Malenaes nombre de tango», «Atlas de geografía humana», «Los aires difíciles»).
Se trata, sin duda, de una novela menos compleja y ambiciosa que las anteriores, pero está narrada con amenidad y buen ritmo. La autora apostó de lleno al género romántico en una evocación nostálgica y sensual de lo que fue la «movida» madrileña de los años '80. Su historia involucra a una joven estudiante de Bellas Artes (que pinta retratos de « mongólicos» y se hace llamar Jose para darle un poco más de sofisticación al anodino «María José Sánchez» con que fue bautizada) y a dos de sus compañeros más talentosos, Marcos y Jaime, con quienes mantiene un regocijante ménage à trois que dura lo que sus años de academia. Dos décadas más tarde, Jose recuerda y añora aquella primavera ochentista (un Madrid de bares oscuros y costumbres cada vez más permisivas) con la amargura de quien se sabe un sobreviviente. Es decir, alguien que no ha sabido conservar aquello que más amaba (amor, pintura y buen sexo).
El trayecto que media entre aquella joven pintora, con talento pero sin ambición, y la experta en tasación de joyas isabelinas, bargueños y bronces franceses del XVIII en la que se ha convertido, es producto del fracaso de un ídilico paraíso terrenal, que fue minado por los celos, la rivalidad entre talentos y la insalvable dificultad de ser tres. Por más que uno de los jóvenes se suicide y los otros dos sigan sufriendo por lo que pudo haber sido y no fue, la autora ha preferido no ahondar en las sinuosidades de sus criaturas. Describe sus conductas e incluso las explica, pero sin internarse en sus contradicciones y enigmas. Algunos oportunos apuntes sobre arte y pintura ( obviamente destinados a un público lego) contribuyen a que los personajes se perfilen con mayor nitidez. La autora de «Las edades de Lulú» (por el que recibió en 1989 el premio de novela erótica La Sonrisa Vertical) vuelve a echar mano a un erotismo vital y festivo, pero esta vez sin detalles perturbadores ni grandes riesgos literarios. Patricia Espinosa
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