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5 de diciembre 2006 - 00:00

Excelente trío y notable tanguera en un mismo show

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Carlos Corrales Trío. Con C. Corrales ( bandoneón), A. Linetzky (piano) y A. Bonura (contrabajo). A. Fernández (voz) ( Pigmalión; todos los viernes.)

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Nunca como ahora el tango estuvo tan presente en la cartelera de Buenos Aires. Sin embargo, pese a esa multiplicidad y a esa sobreabundancia de propuestas, no es mucho lo que logra sorprender. Por eso, es un placer encontrarse con una cantante como la uruguaya Arlett Fernández, quien después de pasar por varios escenarios argentinos -fue, inclusive, revelación en Cosquín en el año 2000; aunque el galardón no le sirvió de mucho- decidió venir a radicarse aquí.

El mérito principal de esta cantante es conocer profundamente lo que hace. Formada en las cantinas tangueras antes que en los conservatorios, con un disco editado y otro por venir, Fernández despliega todos los «yeites» de quien ha mamado el tango desde adentro. Su trabajo se sostiene en los clásicos de los '40 y '50, como «Nada», «Sin palabras», «Los mareados», «Uno», «Ventarrón» o «La última curda»; pero también se atreve -y sale muy airosa- con una versión de «Balada para un loco».

Por su manera de cantar pasan los recuerdos del Polaco Goyeneche, Luis Cardei, Mercedes Simone, pero también el tango popular que aquí fuera reflejado por aquel programa de televisión llamado «Grandes valores del tango». Es que su expresividad está más en el decir -con una voz grave y llamativamente potente que no teme a la desafinación- que en el canto abierto, en la llegada directa al público que en la seducción intelectual.

En este espectáculo del que participa Arlett Fernández está también el trío que lidera el joven bandoneonista Carlos Corrales. Con dos puntales muy importantes en el piano de Andrés Linetzky y en el contrabajo de Angel Bonura, Corrales es un excelente acompañante -aunque sin caer jamás en obviedades- para la voz de la cantante. Pero, en los momentos del tango instrumental logra lucirse, en el terreno de los arreglos y de la solidez grupal, en temas como « Taconeando», «Amurado», «Quejas de bandoneón» (con un arreglo excelente), «Recuerdo», «Muerte y Milonga del ángel» o «Adiós Nonino».

También hay lugar para temas de Linetzky: el vals «Cuando jugaba», y «Rosa de tango» y «Ony» de Corrales.

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