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13 de agosto 2008 - 00:00

Expresiva danza de sentimientos oscuros

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Excelentes actores-bailarines animan "Saña", coreografía que muestra un entramado de torturadas relaciones humanas, donde importan más los textos que se dicen que la danza misma.
«Saña». Antología coreográfica. Coreog. y dir.: C. Trunsky. Mús.: J. Chikiar. Vest. : M. Albertinazzi. Ilum. : E. Sirlin. (El Portón de Sánchez, domingos a las 18.)

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Con el estreno de «Saña», Carlos Trunsky completa una trilogía que comenzó con «Incandescente» y siguió con «Voraz». Las tres obras no sólo exponen un lenguaje coreográfico contemporáneo refinado y sutil, sino que también transmiten una honda reflexión sobre las relaciones humanas de cualquier tipo, donde se manifiestan oscuros sentimientos. «Saña» une a cinco bailarines en un espacio despojado. Nada más que cinco sillas y un esquema lumínico de Eli Sirlin de significativo relieve plástico e intenso dramatismo acompañan las evoluciones de los excelentes actoresbailarines: Romina Mancini, María Kuhmichel, Emanuel Ludueña, Ramiro Soñez e Ignacio Monná, quienes participan en dos impactantes cuadros de conjunto al comenzar y al promediar la obra. Luego, los diseños de Trunsky les exige movimientos convulsos, antinaturales y forzados para mostrar una ansiedad y una paranoia acentuadas en grado sumo.

El coreógrafo, uno de los más originales de nuestro medio además de bailarín clásico del Ballet Estable del Teatro Colón, parece confiar, sin embargo, más en el poder de los textos literarios llenos de crueldad que dicen los mismos intérpretes que en la danza misma. Fragmentos de cuentos son dichos mientras se baila. Los hermanos Grimm, Andersen y Pablo Ramos aportan la cuota de violencia para las acciones coreográficas, subrayadas desde la iluminación y con la carga sonora de una banda de Jorge Chikiar siempre sinuosa y áspera.

«Saña» cierra el largo discurso de Carlos Trunsky con una propuesta teñida de incertidumbre, a veces con gestos amables de los que hay que desconfiar, tanto como de la solidez de los vínculos. Como dijimos ya, el suspenso que campea en los sesenta minutos de «Saña» tienen más que ver con lo que se dice que con lo que se baila. De todas formas, la obra es válida y aporta su original teatralidad.

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