23 de abril 2004 - 00:00

Festival irregular pero con hallazgos

Clint Eastwood
Clint Eastwood
Poco brillo está teniendo el festival municipal de cine que termina el domingo. A los problemas de organización que aun persisten se suma el bajo atractivo de muchos títulos. Y hay más de 200.

Pero vale destacar lo bueno. Este fin de semana todavía puede verse el documental sobre Robert McNamara ganador del Oscar (ver nota aparte), tres comedias, « Mañana nos mudamos», de Chantal Akerman, «El ídolo de la matinée» (de la etapa muda de Frank Capra, aunque muy difundida en DVD), y «La música más triste del mundo», del inclasificable Guy Maddin. También, los dramas «Crimson Gold» (un repartidor iraní que intenta ser asaltante) y «Buongiorno, notte» de Marco Bellocchio (sobre el asesinato de Aldo Moro), lo que resta del ciclo Raoul Ruiz, cargado de inteligente ironía, y las dos del melancólico Alexandr Sokurov: «Padre e hijo» y «Sonata para viola». Para nada, en cambio, lo que resta de Glauber Rocha. Interesantes los documentales «Piano blues», de Clint Eastwood, «12 fotogramas de una fiesta» (sobre todo el programa nro. 3, con una divertida «Alabanza a la papa»), y tres de asunto político: «La pelota vasca: la piel contra la piedra», «S21: la máquina de matar del Khmer Rojo», y «Por amor al pueblo» (sobre los perversos sistemas de Alemania Oriental).

Puede apuntarse el cuento de Alex van Warmerdam «Grimm», versión holandesa de Hänsel y Gretel con Ulises Dumont como extraño sirviente. Y reclamar que pasen de nuevo el noticiero de un carnaval parisiense de 1926 donde casi todas las mujeres andaban con los pechos al aire, y a la más pudorosa se le caía, como mínimo, un bretel. ¡Esos sí que eran los Años Locos! Nada que ver con las aburridas sesiones musicales que acompañan al festival este año.

En cuanto a la competencia, sólo cabe esperar el drama bélico «El último tren», de Alexei Guerman hijo, que ojalá sea tan bueno como el padre, famoso perseguido del régimen soviético. Hasta ahora, la mejorcita de esa sección es la naïf «Le monde vivant», de Eugene Green. Otra naif es «La historia del camello llorón», de Mongolia, un poco a la manera de las películas para niños que hacía Albert Lamorisse en los '50, pero muy chiquita como para recibir algún premio. Quien debería recibir alguno es la argentina Ana Poliak, por la mirada cálida que ha puesto en su « Parapalos», sobre la vida del empleado de un bowling. Las apuestas, sin embargo, van para algunos dramas crudos, y para la denuncia local «Whisky Romeo Zulú», del ex piloto de LAPA Enrique Piñeyro.

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