Una de las 25 obras de gran tamaño que integran «Moby
Dick», la muestra del extraordinario artista estadounidense
Frank Stella que se exhibe en el Malba.
En 1970, Frank Stella (EE.UU. 1936), tenía 33 años cuando el MoMA neoyorquino realizó una retrospectiva de su obra que comprendía los primeros doce años de su carrera. De carácter minimalista, su máxima era: «mi pintura se basa en que únicamente lo que se ve allí está allí».
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Pintura plana, tenía densidad, solidez, peso. Poco después el cambio fue radical. En la serie 1970/3 «Polish Village», los planos geométricos comenzaron a abultarse, quería dotar de volumen, masa y dinámica espacial a la obra abstracta.
Las series consecutivas «Brazilian», realizadas en metal, «Exotic Birds», así llamada por su preocupación por las especies en extinción, «Indian Birds», relieves sobre una grilla, curvas irregulares de carácter barroco hasta así llegar a la famosa retrospectiva de 1987, también en el MoMA, que visitamos y comentamos en esa ocasión. Stella insistía en que aunque esas formas y superficies parecieran extravagantes, él las consideraba pinturas construídas y esculturas pintadas.
Fue una muestra de deslumbrante exuberancia y opulencia. Obras maximalistas, relieves pintados ejecutados con metal perforado, aluminio soldado, fibra de vidrio, metal desplegado en brillantes colores, una verdadera obra de ingeniería.
Esta introducción quizás permita al contemplador entrar en la esencia de la obra de este extraordinario artista, cuya muestra se exhibe actualmente en el Malba. Son 25 obras de gran tamaño realizadas entre 1991 y 1997, «Moby Dick» originada en su serie «Waves» y tituladas de acuerdo a los capítulos del libro de Melville. «Aprendí a pintar el metal y simultáneamente a grabar directamente sobre la plancha». Esta obra gráfica presenta formas a manera de olas que caen como cascadas hacia el centro, todo se mueve, atrapa la luz, todo aparece pristino en medio de un aparente caos de líneas, colores, geometrías, fuerzas interiores que fluyen e interactúan.
En una ocasión Stella dijo: «Me gusta que las pinturas se muevan; la cuestión es si la intensidad de la acción es sólo una decoración nerviosa o si realmente tienen algo para decir acerca de estar vivo». Sin duda toda su obra respira vitalidad.
Hay siete grabados de la serie «Moby Dick» (1991), planos impresos en blanco sobre negro, entre los que «El Funeral» conmueve por su contenido. «Domos» (1992), es una serie llevada a la tridimensionalidad, trabajada con 24 colores y con relieves. «Moby Dick-Rebabas de papel» (1993), nueve grabados con bordes irregulares en los que se reprodujo la espiral de humo de un habano que fumaba en ese momento y que se intervino digitalmente. A propósito, vaya como anécdota que en la conferencia de prensa, Frank Stella no se desprendió de su habano, en ese caso, apagado. «Lugares imaginarios» (1991-1997), dos obras entre las que se destaca «Juam», se utilizaron 144 colores, impresas sobre dos hojas de papel hecho a mano, formas irregulares y superpuestas. Editadas en Tyler Graphics, no debe perderse el film sobre el apasionante proceso del trabajo que duró doce años.
La muestra se acaba de exhibir en Chile -donde se dice que Moby Dick nadaba cerca de la Isla Mocha en el Sur de ese país- y ahora en Buenos Aires, única ciudad a la que llegaron los marineros del Pequod durante sus travesías por los temibles mares en búsqueda de su presa.
El curador de la muestra es el crítico norteamericano Ed Shaw que vive actualmente en Chile, autor junto a Robert K. Wallace y Jacquelynn Bass de los textos y entrevistas al artista. El excelente montaje estuvo a cargo de Gustavo Vázquez Ocampo. Durante la exposición que clausura el 31 de octubre tendrán lugar diferentes actividades culturales a cargo de especialistas. Malba-Colección Costantini (Av. Figueroa Alcorta 3415).
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