18 de agosto 2008 - 00:00
Gris, uno de los grandes cubistas más demandados
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«La guitarra sobre la tabla» de Juan Gris, adquirida en 1988 en 1,87 millón de dólares por
Fundación Telefónica (que ahora la exhibe en Bellas Artes), y hoy valorada en 16 millones.
A partir que se firmara el Tratado de Paz con Alemania en 1919, la xenofobia comenzó a bajar en Francia; Kahnweiler vuelve a Paris y abre la galeria Simon. No puede tener trabajos nuevos de Gris, que tiene contrato vigente con Rosenberg, pero ve su evolución y manifiesta: «Dejé un joven pintor y ahora me encuentro con un maestro». Juan logra romper el otro contrato y vuelve a trabajar con su amigo.
Desgraciadamente la salud de Gris es muy mala y su pleuresía nunca se curará en los siete años que le quedaban de vida.
En 1923 hacen una gran exposición con 54 pinturas, dibujos y litografías y también unas lindísimas esculturas que el artista consideraba tan sólo una diversión y las llamaba: «juguetes». El mercado estaba muy flojo y, para colmo, se subastaban las obras confiscadas a Kahnweiler, con lo cual la oferta era demasiada (en un día se remataron 26 obras de Gris que habían sido de su marchand. Recién dos años después se recuperan las ventas; a un coleccionista suizo le venden 14 obras, por lo cual Paul Rosenberg, hermano del anterior, y marchand de Picasso, le ofrece un fabuloso contrato, que el artista rechaza porque seguirá hasta la muerte con su amigo Kahnweiler.
La cotización de Gris se mantiene firme y en la última década sus precios han subido 134%. Su valoración más alta ha sido de 16,5 millones de dólares por una obra de 1915 y de 80x60cm., vendida hace un año en Nueva York. Una obra similar, «La guitarra sobre la tabla», fue adquirida en 1988 por Telefónica en 1,87 millones (nueve veces menos). Otras obras se han pagado entre 7 y 3 millones de dólares.
Las once obras de la Colección de Telefónica fueron adquiridas durante el período 1983-1988, y el motivo fue que era el pintor español menos representado en la colecciones públicas de España. En nuestro país no existe una colección emblemática en posesión de ninguna empresa; las grandes colecciones (Blaquier, Fortabat, Costantini) pertenecen a personas individuales.
Nuestro escultor Pablo Curatella Manes siempre reconoció las enseñanzas que le brindó Juan Gris y recordaba que su arte era síntesis y deducción. Fue su amigo, lo mismo que su mujer, Germaine Derbeq, quien fue también alumna del maestro español. Emilio Pettoruti lo conoce años después en casa del pintor holandés Kess Van Dongen, y no se deslumbró en el momento, pero con el paso de los años, curiosamente elogiaba el colorido del maestro español (quizá su punto más débil), y se molestaba cuando se le decía que la obra de Gris era la que más influyó en su obra.
La pintura de Gris titulada «Vasos, periódico y copas de vino», que se encuentra en la exposición de Bellas Artes, fue realizada en 1913 y si la comparamos con la de Pettoruti realizada en Florencia al año siguiente, titulada «El racimo de uvas», y también en la muestra, veremos los puntos en común que tienen los dos maestros.
Una exposicion fundamental y la posibilidad de conocer este estupendo conjunto de obras de Juan Gris.




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