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12 de octubre 2020 - 00:00

Hugo Arana transitó del humor al drama con igual talento

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En los créditos finales de “Muerte en Buenos Aires” puede verse cómo, luego de rodar una toma en las tribunas del Hipódromo de Palermo, todo el elenco, los extras, y buena parte del equipo técnico giran hacia Hugo Arana y lo aplauden calurosamente. Esa fue su anteúltima película, y ese momento es uno de los mejores registros del cariño que el actor fue cosechando a lo largo de su vida, un cariño que empezó en 1972, cuando en una publicidad interpretó al joven marido que se llena de ternura con una noticia de su esposa. Hoy pocos recuerdan el producto anunciado, el vino Crespi Seco, pero todos recuerdan “el aviso de los escarpines” (ella era Beatriz Galán, y el director, Juan José Jusid).

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Nacido a mitad de 1943 en Monte Grande, emigrado a Lanús, formado en las clases de Marcelo Lavalle y Augusto Fernandes, su carrera fue paulatina, firme, sin estridencias. Empezó veinteañero y terminó recién este año con una breve ficción, la primera de una serie llamada “Historias virales”, donde una hija y su padre internado se comunican a través del celular de una enfermera. Ella no puede visitarlo por el covid. Irónicamente, fue esa enfermedad la que ayer se llevó casi sorpresivamente al actor, que días atrás había sido internado en una clínica por un simple accidente doméstico.

Arana alcanzó su mayor popularidad con los personajes de Huguito Araña y El groncho y la dama (ella era Cristina del Valle) para el programa cómico “Matrimonios y algo más”, de Hugo Moser, y se lució también en muchas otras comedias televisivas, como “Buenos vecinos”, “El capo”, “La panadería de los Felipe”, “Los exitosos Pells”, “Para vestir santos”, “Graduados” y “Vecinos en guerra”. En el cine pudo mostrar otra clase de registros, como el carpintero que le plantea al hermano exitoso el drama de la deuda en “La historia oficial”, el padre guardabosques de “Un lugar en el mundo”, el camionero de la hermosa película uruguaya “El viaje hacia el mar”, con el que se consagró Mejor Actor en el Festival Iberoamericano de Huelva 2003, el juez de “Cautiva” y el lúcido curandero de “Re loca”, su última película. A recordar, también, su extensa actividad teatral, desde “Aquí vengo, Filadelfia”, 1966, hasta “Rotos de amor”, el año pasado, con Laplace, Laport y Pepe Soriano, pasando por el “Cyrano de Bergerac”, “El puente”, “Milonga”, “El saludador”, sus temporadas con el grupo Errare Humanum Est, que integraba con Solá, Leyrado, Marrale y otros buenos recuerdos. Viudo de la actriz Marzenka Nowak, lo continúa su hijo Juano, a quien este año dirigió en el micro “Nunca me engañes”, con Jorgelina Vera.

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