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13 de diciembre 2007 - 00:00

Imágenes deslumbrantes para una compleja trama fantástica

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Además de las asombrosas imágenes que pueblan el film, el director Chris Weitz sale bastante airoso del desafío de adaptar la intrincada trama del libro de Philip Pullman.
«La brujula dorada» (The Golden Compass, EE.UU. G. Bretaña, 2007, habl. en inglés). Dir.: C. Weitz. Int.: N. Kidman, D. Craig, D. Blue Richards, B. Walker, E. Green, J. Carter, D. Jacobi, S. Elliott, T. Courtenay, C. Lee.

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El universo paralelo que describe «La Brújula Dorada» tiene detalles extraordinarios, empezando por el hecho de que el alma de las personas no se encuentra dentro de su cuerpo, sino que cobra la forma de animal, mascota parlante que las acompaña permanentemente. En niños y adolescentes esta mascota espiritual o «daemon» aún no tiene una forma animal definitiva, pudiendo cambiar de ardilla a pájaro según las necesidades del momento, recurso argumental que el espectador acepta como algo normal en ese mundo ya desde el primer acto.

Como el crescendo fantástico jamás se detiene a lo largo de casi dos horas, sería insensato tratar de describir el nivel épico de las imágenes fantásticas que tienen lugar en la última media hora del film. Entre otras cosas, incluye el mejor y más feroz duelo a muerte entre osos polares de la historia del cine.

Por otro lado, la complicadísima trama que lleva a la adolescente Lyra Belacqua (Dakota Blue Richards) a un peligroso viaje a las tierras del Norte, donde formará parte de una rebelión contra el totalitario Magisterio que quiere impedirle al pueblo «la herejía» del Libre Albedrío, implica un tour de force narrativo. Equilibrar las imágenes con el desarrollo de una trama intrincada sin perder la coherencia, quizá haya sido el mayor desafío al que se enfrentó el director y guionista Chris Weitz al momento de adaptar el primer libro de la trilogía de Philip Pullman. Con fuentes de inspiración reconocidas, como «Barry Lindon» de Kubrick o «La Guerra de las Galaxias», Weitz sólo aceptó minimizar los elementos religiosos presentes en la novela, y en un momento renunció a la producción aceptando que el reto era imposible.

Pero nada es perfecto, y «La Brújula Dorada» es una gran película con momentos antológicos, imágenes deslumbrantes y un razonable desarrollo de personajes y situaciones argumentales que a veces lucen un tanto acotados dada la necesidad de fundir tantos elementos extraordinarios sin dejar que el metraje supere los amables 113 minutos de película.

El elenco está lleno de gentetalentosa, pero la que realmente brilla es la protagonista adolescente, rodeada de excelentes actuaciones como una elegante y malvada Nicole Kidman, perfecta para el papel. Una sorpresa es esa especie de cowboy aéreo personificado por Sam Elliot, y una decepción es el breve tiempo en pantalla de Christopher Lee.

Los efectos especiales utilizan todo tipo de técnicas sin nunca olvidar la estética general, que incluye uno de los vestuarios más impresionantes que se hayan producido recientermente para una producción épica.

En lo visual, cada detalle vale, y no se los puede apreciar en toda su riqueza viendo sólo una vez esta fantasía ambiciosa y deslumbrante como pocas.

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