11 de junio 2024 - 15:02

Jorge Consiglio: el asesinato como una cuestión de clase

Diálogo con el prolífico narrador que en su nueva novela, "La Circunstancia", se vuelca al género policial y recupera un escenario y un mundo social central en nuestra realidad.

 Jorge Consiglio, autor del flamante policial La Circunstancia, que editó Eterna Cadencia.

 Jorge Consiglio, autor del flamante policial "La Circunstancia", que editó Eterna Cadencia.

El crimen hace que una mujer de clase alta, hija de un estanciero, recorra su vida en “La Circunstancia” (Eterna Cadencia) nueva novela de Jorge Consiglio. autor de una amplia obra narrativa, reiteradamente premiado, que en esta obra recupera un escenario y un mundo social que es central en nuestra realidad.

Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cuál fue su recorrido para contar cómo entra la tragedia en la vida de una dama del barrio de Recoleta?

Jorge Consiglio: Una mujer de clase alta comienza a ser interrogada en una comisaría de Barrio Norte. Se toma una pausa. Hace una respiración profunda. Comienza a rememorar para sí misma su infancia en la estancia La Circunstancia, su padre, su madre, sus amistades, su llegada al barrio de Recoleta, sus parejas, su circuito vital. Hasta que vuelve a la policía y comienza a declarar. Me propuse establecer el detallado recorrido de su crecimiento dramático hasta que llega a la violencia, como si esa violencia tuviera raíces en cada uno de los acontecimientos que ella vivió. Ella va amasando su destino desde el primer vínculo al último desencuentro, al desenlace violento. La temperatura dramática crece, como en las tragedias de Shakespeare, hasta un clima en que irrumpe el sexo, la muerte o la anagnórisis, el descubrimiento. Creo, en este caso, allí se revela el esquema de una perversión.

P.: ¿Cómo encuentra la historia de la hija de un estanciero involucrada en un crimen?

J.C.: Es muy caprichoso como se llega a ciertos argumentos. El de “La Circunstancia” se me apareció a partir de “Profundo carmesí”, la película de Arturo Ripstein, que vi hace décadas, donde una mujer tras desencuentros con diversas parejas conoce a alguien que es como un cuerpo extraño en esa sociedad, que tiene un enorme atractivo para ella. Y el tipo es un asesino. Me pareció una trama atractiva. Mi protagonista, tiene sucesivos desengaños, hasta que engancha a un tipo que es un perfecto canalla, que le produce un atractivo brutal porque se desmarca de todas las relaciones que ella viene teniendo. Y establece una relación perversa. Él, que está en constante seducción, le resulta inasible, se le escapa de las manos. Le atrae porque está lleno de visajes, hasta que se le vuelve poroso. Y cuando se ve al otro con toda claridad se lo deja de desear. La literalidad va en contra del deseo. Cuando lo ve en toda su verdad la relación se vuelve intolerable. La verdad irradia una luz tan poderosa que arrastra a la catástrofe.

P.: ¿Buscó sumar géneros en “La Circunstancia”?

J.C.: La historia me dio la posibilidad de trabajar en un policial, por lo menos lo que está dentro de mis posibilidades es un policial. El policial como todos los géneros tiene reglas fijas. Traté de respetar algunas y otras me las llevé por delante en virtud de una fluencia del texto que tenga más que ver con lo lírico, con una novela existencial.

P.: ¿Cómo relató desde la voz íntima de una mujer?

J.C.: Fue un enorme desafío. No en cuanto registro sino en cuanto a cómo ella siente y piensa. Tengo la fortuna de haber leído a muchas escritoras. Dos me acompañaron en esta novela: Sara Gallardo y Eduarda Mansilla. Fueron de gran ayuda las lecturas, comentarios y cuestionamientos que me hicieron mis hijas. Cuando se escribe entran por la ventana voces, gente. La literatura, más allá de uno escribiendo, en su factura es algo completamente colectivo. En este caso pasó por editoras y correctoras.

P.: ¿Por qué eligió que ella sea marchand?

J.C.: Porque es una profesión muy de clase alta. Ella ha acumulado experiencias desde chica. Viaja con su madre a ver museos en Europa, en Estados Unidos, va a la Bienal de Venecia, hace pasantía en Christie's. Pero lo esencial en este trabajo son las relaciones, y a ella le sobran. Esa profesión me permitió hablar indirectamente de ella. Fue un espejo para hacerla ver, para describirla. Para su mirada de las obras de arte me serví de John Berger, pero, por ejemplo, cuando comenta el cuadro de Sivori, “El despertar de la criada”, su mirada está cargada de su ideología de clase.

P.: ¿Cómo eligió lugares tan precisos como la estancia en Gahan y en el barrio de Recoleta?

J.C.: Para el pueblo de Gahan me manejé por datos, informaciones y referencias. En cambio, narrar Recoleta fue uno de los primeros objetivos que me impuse cuando empecé a escribir “La Circunstancia”. Viví en Recoleta durante muchos años. Recoleta es una atmósfera, una temperatura, supone una interacción dialéctica con el mundo. Narrar ese barrio es narrar una clase. Y ahí se descubre que hay mucha violencia, a veces apenas disimulada, dentro de esa misma clase. La protagonista, que tiene algo muy de los años 90, me llevó a recorrer el mapa de Recoleta y detenernos en lugares emblemáticos, como el bar La Rambla de Ayacucho y Posadas, a pasos de la casa donde por ese tiempo vivían Bioy Casares y Silvina Ocampo.

P.: ¿Cómo se sintió al instalar la historia en el realismo?

J.C.: Eso me preocupaba, por eso el texto tiene pequeñas fugas. No soy original en esta preocupación. Hasta la generación del 60, que era en su mayoría de militantes que no dejaban de tener preocupación por los límites del realismo. En esta novela trato de desbordarlo. Por ejemplo, en el episodio del capataz de La Circunstancia que tiene un timo hiperdesarrollado que lo convierte en una especie de superhombre, que lo vuelve rico, o el episodio de la vieja bruja del pueblo en la plaza central, entre otros. Esos desbordes le agregan algo al texto que lo alejan del mero realismo y lo vuelven un poco más connotativo, lo despegan de esa cuestión naturalista que tiene el realismo. También el lirismo me sirve como punto de fuga.

P.: ¿En que está ahora?

J.C.: En “Matar al comisario” un documental gráfico, con el dibujante Iñaki Echeverría, sobre el encuentro fatal entre Simón Radowitzky y Ramón Falcón.

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