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3 de abril 2008 - 00:00

Karajan, una polémica de 100 años

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Herbert von Karajan, pionero en el «star system» de la música clásica, continúa siendo debatido a 20 años de su muerte y 100 de su nacimiento. permanentemente en la tapa de las revistas del corazón.
Viena (EFE) - A cien años de su nacimiento, el director austríaco Herbert von Karajan, considerado el «último emperador musical», continúa provocando controversias casi veinte años después de su muerte. Heribert Ritter von Karajan nació el 5 de abril de 1908 en Salzburgo, proveniente de una familia de origen checo que obtuvo el «von» nobiliario gracias al emperador Francisco José.

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Se dedicó desde joven a la música, y se destacó desde temprano tanto por su magistral interpretación como por su arrolladora personalidad. Isaiah Berlin lo llegó a definir como «un genio con un tufillo a azufre a su alrededor». Odiado por algunos, que lo consideraban un egocéntrico que dedicó gran parte de su vida a construir su imagen de genio, otros responden que su gigantesca influencia en la cultura musical no tiene comparación en la segunda mitad del siglo XX.

De lo que no hay duda es que fue pionero en la concepción actual de la ópera, el papel de las orquestas, el peso de la difusión comercial de la música clásica y el «glamour» que la envuelve. Ningún otro músico consiguió en vida la popularidad de la que disfrutó Karajan, cuyo talento para venderse comercialmente fue tan alto como el artístico.

Casi como una síntesis de la controversia en torno a su figura, en uno de sus últimos conciertos, el director John Eliot Gardiner dijo que «había algo casi diabólico en la forma en la que ejercía su poder con la batuta, y ese algo iba en detrimento de la música». Su vida pública fue seguida por los medios como la de una estrella, algo a lo que él ayudó sin ningún rubor. Piloteó sus propios aviones, dirigió sus yates, condujo los coches más potentes y caros y logró que su vida, junto a Eliette, su tercera mujer, estuviera permanentemente en la tapa de las revistas del corazón.

Su afiliación al partido nazi en 1935 -aunque sus simpatías son ya testimoniadas años atrás- para poder seguir trabajando en Alemania siguen siendo motivos de interminables discusiones. «La política no tenía importancia para mí», diría después, en 1946, al tribunal aliado que lo interrogó tras la guerra. «Estoy preparado para admitir que fue un error», dijo entonces. El historiador Oliver Rathkolb sostiene que se afilió por pura especulación y que se prestó a que los nazis lo utilizaran «como la joven y moderna estrella alemana en conciertos propagandísticos,desde París a Atenas». Tan sólo a partir de 1942 se distanció de forma evidente del régimen, tras su matrimonio con Anita Gütermann, quien tenía un abuelo judío, algo que se encargó de recordar ante el tribunal de desnazificación.

En 1938, año en el que Austria fue anexionada por el Tercer Reich, tuvo su primer gran éxito con «Tristán e Isolda», que le valió una crítica titulada: «En la Opera Estatal, el milagro Karajan». Tras la guerra, su estrella volvió a recobrar altura a partir de 1946 y, desde entonces y hasta su muerte, dirigió las mejores orquestas, óperas y festivales. En Berlín logró fama al frente de la Filarmónica de esa capital, una orquesta cuya batuta asumió en 1954 y con la cual escribió parte de su historia musical, y consolidó su brillante carrera cuando pasó a dirigir la Staatsoper en 1956. Ese mismo año fue nombrado director de los Festivales de Salzburgo y en 1967 creó los de Pascua, en la misma ciudad.

Gran parte de su popularidad se debe a su alianza con la técnica, al descubrir las enormes posibilidades de las grabaciones musicales en distintos formatos, tanto de audio como de video. Karajan introdujo la música clásica en el mundo del vinilo, primero, y en el disco compacto después, conquistando el mercado: sus grabaciones alcanzaron cifras de venta sin igual en música clásica. Sus detractores dicen que, para lograr más efecto en las terminaciones de los discos, distorsionada, amplificaba y hacía lo que considerase más «vendedor» en las consolas de sonido, para obtener grabaciones de ópera con sonoridad a lo Hollywood. Karajan murió el 16 de junio de 1989, tras los ensayos de la ópera «Un ballo in maschera» de Verdi para los Festivales de Verano de Salzburgo.

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