“Tierra de encuentros, cielos, colores. Arte de Sudamérica hoy y ayer” es la primera muestra del recientemente restaurado monasterio, que se transformó en un centro de arte y estudios latinoamericanos. Máscaras, trajes y expresiones culturales desde Perú hasta la Patagonia componen la exhibición. Detrás del proyecto, la mano del exdirector del MNBA, Guillermo Alonso.
Con la inauguración de "Tierra de encuentros, cielos, colores. Arte de Sudamérica hoy y ayer", el centro de estudios latinoamericanos La Abadía abrió al público luego de cinco meses de remodelación y aperturas parciales como sede del festival Filba y de la exposición Casa FOA. El emprendimiento implicó la restauración del monasterio de San Benito, en la esquina de Gorostiaga y Luis María Campos, a partir de una iniciativa de la organización católica Familia Sodálite y el aporte de privados a través de la Ley de Mecenazgo porteña de convertir el lugar en un centro cultural con eje en la región.
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La primera muestra recorre el patrimonio material e inmaterial de los pueblos originarios, desde Perú hasta la Patagonia, con énfasis en las manifestaciones actuales. Cuenta con piezas provenientes del Museo Riva-Agüero de Lima, el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, la Colección Hijos del Viento, la Asociación Adobe y colecciones particulares. "No la piensen como una muestra para los museos, es una muestra viva, con énfasis en el hoy", pide su curadora Teresa Pareda en la recorrida que encabezó junto la prensa, escoltada por el director de Relaciones Públicas e Institucionales y corazón artístico de La Abadía, Guillermo Alonso.
Dos telares provenientes de Santiago del Estero hechos a mano con lana de oveja y teñidos con tintes naturales abren la exhibición. Los colores vibrantes de los tejidos, entre autóctonos y pop, dan paso a una serie de fotografías en blanco y negro de Facundo de Zuviría, quien durante 24 días fotografió los horizontes en su recorrida a lo largo del Paraná, que lo llevó desde el Tigre hasta Asunción, Paraguay. Casi como una metáfora de las culturas que aquí se presentan, las imágenes son diferentes, pero parecen formar un único horizonte.
La arquitectura del edificio, restaurado para conservar al máximo su estructura y espíritu original, obliga a interponer un corte y continuar en el primer piso. La muestra gira ahora en torno a atuendos, máscaras, tocados y accesorios que acompañan los rituales de las comunidades mapuches en la Patagonia. "Son expresiones de la espiritualidad de los pueblos originarios", cuenta Pareda sobre las piezas utilizados para manifestar su divinidad y conectar con los antepasados que ahora se exhiben en La Abadía.
Los sonidos también forman parte de estas culturas, como lo demuestran los accesorios en plata y vidrio de las mujeres mapuches que los utilizan para que en su roce y campanilleo alejasen los elementos negativos. "Tierra de encuentros..." es una muestra multisensorial, asegura su curadora. En algunas de las salas se pueden oír de fondo sonidos característicos de cada comunidad, mientras que en otras se invita, a través de auriculares, a sumergirse en una cultura recreada por gritos, silbatos e instrumentos autóctonos que acompañan a las multitudes que participan de las festividades.
El guión fue elaborado según los lugares de procedencia de los objetos. Así, del área patagónica-pampeana se pasa al Gran Chaco, que comprende zonas de la Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil. A medida que se avanza hacia climas más tropicales los colores empiezan a jugar un rol estético en las piezas. Las plumas opacas se tornan azules y verdes y los colores cálidos aparecen para personificar al diablo.
Si el visitante logra sorprenderse por la minuciosa y artesanal confección de un tocado o el esmero puesto en una pechera es gracias al excelente trabajo de montaje, que estuvo a cargo del equipo que acompañó a Alonso durante su paso como director del Museo Nacional de Bellas Artes. Los colores escogidos para las paredes que sirven de fondo de las piezas allí colgadas, y la presentación de los objetos en cajas de vidrio que permiten una visión de casi 360° colaboran para crear la sensación de un ambiente cerrado que ayuda a bloquear la luz natural que proviene de las galerías del monasterio y sus jardines.
La sala que congrega objetos de la zona Andina pone el foco en el ritual en el marco de la festividad. La máscara es el elemento que se mantiene constante desde tiempos prehispánicos. Si en el Gran Chaco se utilizaba para representar al enemigo vencido, en Perú se convierte en intermediadora entre el bien y el mal; en el ángel y el demonio que personifican los danzantes enmascarados.
"Tierra de encuentros, cielos, colores. Arte de Sudamérica hoy y ayer" puede verse hasta el 31 de enero en La Abadía, Gorostiaga 1908, de martes a domingo de 12 a 20. La entrada a la muestra tiene un valor de $40, el acceso al edificio restaurado y los jardines, así como a la biblioteca que perteneció a monseñor Eugenio Guasta, es gratuito.
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