4 de agosto 2008 - 00:00

La desaparición de los 15 Berni, ¿robo o secuestro?

«El carnaval de Juanito Laguna», una de las 15 obras deAntonio Berni cuyo paradero aún se desconoce. Muchoscasos famosos en el mundo fueron resueltos con pago derescate, aunque nadie lo admite para no generar hechossimilares.
«El carnaval de Juanito Laguna», una de las 15 obras de Antonio Berni cuyo paradero aún se desconoce. Muchos casos famosos en el mundo fueron resueltos con pago de rescate, aunque nadie lo admite para no generar hechos similares.
Aunque aún no hay pistas firmes sobre el robo de quince pinturas de Antonio Berni, como los delincuentes actuaron organizadamente, una línea de investigación sostiene que el atraco fue preparado para llevárselas. Otros piensan que fue un robo casual de un camión, que para desgracia de los ladrones, tenía estas obras del maestro rosarino que son imposibles de comercializar y que carecen de valoración en este momento porque no hay demanda para ellas, algo indispensable para fijar precio.

Cuando desaparecen obras famosas, generalmente estamos en presencia de un secuestro y no de un robo, ya que los delincuentes aspiran a negociar un rescate con las compañías de seguros, o bien con los propietarios. Muchos de los famosos «robos» que recordaremos fueron resueltos con pago de rescate, aunque nadie lo admitirá jamás para no generar una avalancha de secuestros.

Gracias a algunas novelas policiales o películas de gran difusión, como «El affaire de Tomas Crown», generalmente se piensa que los robos de creaciones artísticas imposibles de ser vendidas son encargos de coleccionistas que desean contemplar en soledad estas obras maestras. No creemos en estas teorías, aunque las consideramos estupendas como guiones para Hollywood o para novelas negras.

Las obras más famosas que han sido secuestradas o robadas en las últimas décadas tienen historias diferentes y soluciones felices, en algunos casos y, en otras, de resolución dudosa.

La obra desaparecida más importante es una «Madonna» de Leonardo Da Vinci robada del castillo Drumlanring en Escocia en 2003. Aunque se ofrece una gran recompensa por esta obra de un valor estimado en 65 millones de dólares, aún no aparece.

En los comienzos de la guerra de Irak se saquearon los museos y cerca de 20.000 piezas arqueológicas desaparecieron. Se ha rescatado 80% de ellas y todos los días aparece alguna más cuyo tenedor no puede demostrar ser su propietario y se incautan. Otro tanto pasó en la guerra de Kuwait y aún siguen apareciendo obras.

En Diciembre de 2000, tres encapuchados entraron al Museo de Bellas Artes de Estocolmo y se llevaron un Autorretrato de Rembrandt y dos pinturas de Renoir. Ocho personas fueron detenidas; a cambio de información, quedaron libres y, entonces, rápidamente aparecieron las obras.

Un clásico de robos es la famosa obra «El Grito» de Edvar Munch. Ha sido robada varias veces y recuperada otras tantas. La última vez fue en Agosto de 2004.

Un salero cincelado por Bernini fue robado del Museo de Viena. Al poco tiempo apareció «milagrosamente», aunque su valor estimado era de 55 millones de dólares.

Un violín Stradivarius denominado Davidoff-Moroni, ya que su última propietaria era la intérprete italiana, y estimado en 4 millones de dólares, fue robado del departamento de la violinista en Manhattan, en 1995, y ya hay pocas esperanzas de que aparezca, luego de tantos años sin noticias.

El Museo Van Gogh en Amsterdam ha sufrido varios robos, pero tanto en 1991 como hace tres años, las obras aparecieron rápidamente y los ladrones fueron apresados.

Una obra que hace demasiado tiempo está desaparecida es un Caravaggio robado de la Iglesia de San Lorenzo en Palermo, Sicilia. Lo llevaron en 1969 y ni la mafia lo puede encontrar. A propósito de Caravaggio, el miércoles de la semana pasada también fue robado su lienzo «Prendimiento de Cristo» (o el «Beso de Judas») del Museo de Arte Occidental y Oriental de Odessa, según informó la policía de esa ciudad ucraniana.

Un robo de mucha difusión fue el Retrato del Duque de Wellington realizado por Francisco de Goya, que se encontraba en la National Gallery de Londres. Al poco tiempo, un jubilado inglés que lo había llevado lo dejó en una estación de tren, y hoy puede ser nuevamente disfrutado por el público.

En Urbino, Italia, en febrero de 1975, se llevaron dos obras de Piero de la Francesca y un Rafael. Curiosamente y sin mayores explicaciones aparecieron trece meses después en Locarno, Suiza.

Un robo espectacular fue el realizado en el Museo Marmottan de Paris en 1985.
Desaparecieron nueve pinturas impresionistas, entre ellas la de Claude Monet que dio origen al nombre de la escuela.Se comentó entonces que las obras las tenía la mafia japonesa. Seis años después, también de forma extraña y «milagrosa», aparecieron en un finca abandonada de Córsega.

Algunas de las obras robadas en la Navidad de 1980 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires fueron recuperadas luego de que un comerciante de Taiwán las ofreciera en Paris, y ya están de vuelta en el edificio de Avenida del Libertador. De allí también se llevaron dos tintas de Toulouse Lautrec y una pequeña escultura de Rodin, que apareció a los pocos días; probablemente se la había llevado un cleptómano arrepentido.

En Córdoba, el año pasado, fueron robados unos dibujos del Centro de Arte Contemporaneo, y a las 48 horas el que los sustrajo los dejó en un lugar público, habiendo comprendido seguramente que no podría hacer nada con ellos, salvo ir a la cárcel (aunque en nuestro país es algo difícil que ocurra).

Mientras no existan «reducidores» de obras de arte, los robos no serán tales y únicamente podrán considerarse secuestros. Los robos que sí ocurren todos los días son los de piezas arqueológicas, ya que hay organizaciones que se dedican a saquear tumbas y hay compradores de las mismas que no preguntan el origen.

Algunas instituciones de importancia como el Getty Museum de Pasadena, en California, ha tenido que devolver piezas antiguas que fueron sacadas en forma ilegal de sus países de origen y, como «nadie puede alegar su propia torpeza», sus argumentos de haber sido compradores de buena fe no sirvieron ni servirán como excusa.  

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