4 de agosto 2008 - 00:00
La desaparición de los 15 Berni, ¿robo o secuestro?
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«El carnaval de Juanito Laguna», una de las 15 obras de
Antonio Berni cuyo paradero aún se desconoce. Muchos
casos famosos en el mundo fueron resueltos con pago de
rescate, aunque nadie lo admite para no generar hechos
similares.
En Diciembre de 2000, tres encapuchados entraron al Museo de Bellas Artes de Estocolmo y se llevaron un Autorretrato de Rembrandt y dos pinturas de Renoir. Ocho personas fueron detenidas; a cambio de información, quedaron libres y, entonces, rápidamente aparecieron las obras.
Un clásico de robos es la famosa obra «El Grito» de Edvar Munch. Ha sido robada varias veces y recuperada otras tantas. La última vez fue en Agosto de 2004.
Un salero cincelado por Bernini fue robado del Museo de Viena. Al poco tiempo apareció «milagrosamente», aunque su valor estimado era de 55 millones de dólares.
Un violín Stradivarius denominado Davidoff-Moroni, ya que su última propietaria era la intérprete italiana, y estimado en 4 millones de dólares, fue robado del departamento de la violinista en Manhattan, en 1995, y ya hay pocas esperanzas de que aparezca, luego de tantos años sin noticias.
El Museo Van Gogh en Amsterdam ha sufrido varios robos, pero tanto en 1991 como hace tres años, las obras aparecieron rápidamente y los ladrones fueron apresados.
Una obra que hace demasiado tiempo está desaparecida es un Caravaggio robado de la Iglesia de San Lorenzo en Palermo, Sicilia. Lo llevaron en 1969 y ni la mafia lo puede encontrar. A propósito de Caravaggio, el miércoles de la semana pasada también fue robado su lienzo «Prendimiento de Cristo» (o el «Beso de Judas») del Museo de Arte Occidental y Oriental de Odessa, según informó la policía de esa ciudad ucraniana.
Un robo de mucha difusión fue el Retrato del Duque de Wellington realizado por Francisco de Goya, que se encontraba en la National Gallery de Londres. Al poco tiempo, un jubilado inglés que lo había llevado lo dejó en una estación de tren, y hoy puede ser nuevamente disfrutado por el público.
En Urbino, Italia, en febrero de 1975, se llevaron dos obras de Piero de la Francesca y un Rafael. Curiosamente y sin mayores explicaciones aparecieron trece meses después en Locarno, Suiza.
Un robo espectacular fue el realizado en el Museo Marmottan de Paris en 1985.
Desaparecieron nueve pinturas impresionistas, entre ellas la de Claude Monet que dio origen al nombre de la escuela.Se comentó entonces que las obras las tenía la mafia japonesa. Seis años después, también de forma extraña y «milagrosa», aparecieron en un finca abandonada de Córsega.
Algunas de las obras robadas en la Navidad de 1980 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires fueron recuperadas luego de que un comerciante de Taiwán las ofreciera en Paris, y ya están de vuelta en el edificio de Avenida del Libertador. De allí también se llevaron dos tintas de Toulouse Lautrec y una pequeña escultura de Rodin, que apareció a los pocos días; probablemente se la había llevado un cleptómano arrepentido.
En Córdoba, el año pasado, fueron robados unos dibujos del Centro de Arte Contemporaneo, y a las 48 horas el que los sustrajo los dejó en un lugar público, habiendo comprendido seguramente que no podría hacer nada con ellos, salvo ir a la cárcel (aunque en nuestro país es algo difícil que ocurra).
Mientras no existan «reducidores» de obras de arte, los robos no serán tales y únicamente podrán considerarse secuestros. Los robos que sí ocurren todos los días son los de piezas arqueológicas, ya que hay organizaciones que se dedican a saquear tumbas y hay compradores de las mismas que no preguntan el origen.
Algunas instituciones de importancia como el Getty Museum de Pasadena, en California, ha tenido que devolver piezas antiguas que fueron sacadas en forma ilegal de sus países de origen y, como «nadie puede alegar su propia torpeza», sus argumentos de haber sido compradores de buena fe no sirvieron ni servirán como excusa.



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