La idea es buena. Un científico (Ulises Es entonces cuando decide irse a conocer la casa natal de su esposa en la Patagonia. Allí tendrá la posibilidad de cumplir alguna vieja promesa, y, sin haberlo previsto, podrá ayudar a alguien que se siente todavía peor que él: una muchacha que acaba de perder a su hijito.
Desgraciadamente, los sentimientos del espectador pronto se ven distraídos ante ciertos descuidos del libreto, y de la propia puesta en escena, aparte de algunos errores de continuidad que tornan un poco inverosímil el relato. Cosas sin mayor importancia, pero que le van restando a la historia sus posibilidades emotivas.
Acaso corresponda una mirada simbólica: la casa se dice abandonada pero conserva todos los muebles y adornos como si alguien hubiese vivido allí hasta la semana pasada. El hombre le hace hacer unas refacciones y luego la abandona tirando la llave al mar. Parece contradictorio, tantos recuerdos conservados en ese lugar que nadie habita, y apenas unas bolsas de consorcio para tirar las cosas que la mujer usaba hasta hacía poco. Al final, también la casa quedará como una bolsa para la basura. Así es la vida, en cierto sentido.
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