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Dialogar con él no es tarea fácil: no tolera que quien lo entrevista no conozca a fondo su obra y llevó a las lágrimas a más de un periodista poco preparado. Sir Vidia es famoso por su irritabilidad. Al llegar al exquisito hotel Santo Mauro, donde Naipaul se aloja, uno de los responsables de la editorial Debate me susurra al oído: «La cosa pinta mal, la primera entrevista no le gustó nada», y explica que la primera pregunta que le hizo la periodista le pareció una tontería, se levantó y dejó a su esposa contestando por él.
Pasamos a un pequeño comedor. Con británico esnobismo examina un plato de la vajilla del hotel y alaba la magnificencia de la porcelana, queda la duda de si realmente es un entendido o está faroleando. Luego me pregunta: «¿Cuántos de mis libros ha leído? Me importa saberlo». Tras demostrarle que conozco bien su obra, se relaja y la charla discurre sin ningún exabrupto, sólo interrumpida por su esposa, una pakistaní mucho más joven que él, que entra y sale, interviene en el diálogo y pasada una hora decide dar por terminada la entrevista sin previo aviso.
Sir Vidia tiene 70 años y padece asma. Su famosa mirada desarmante, Saul Bellow dijo que era como la de «un águila sobre un risco», es ahora menos amenazadora. Tras cada pregunta cierra los ojos y medita antes de responder.
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