"El camino de las nubes" relata sin emoción ni progreso dramático la historia real de una familia que recorrió medio Brasil en bicicleta buscando empleo.
«El camino de las nubes» (O caminho das nuvens, Brasil, 2003, habl. en portugués). Dir.: V. Amorim. Guión: D. Franca Mendes. Int.: C. Abreu, W. Moura, R. Ramos Lacerda, M.S. Alves filho.
Dicen que esta historia se basa en un hecho real. Una familia nordestina pedaleó durante seis meses, durmiendo al borde del camino, hasta llegar a Rio de Janeiro, siempre en busca de un trabajo como la gente. Algo iban a conseguir, y lo consiguieron. Pero no cualquiera se manda 3200 kilómetros, casi como hacerse medio perímetro argentino, con cinco chicos a cuestas, sin equipo y sin conocer a nadie.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Quien sabe cómo eran verdaderamente esas personas. En esta película, los padres son dos rubios cobrizos bastante bonitos. El, un testarudo de bigote fino, camionero desocupado con afán de progreso. Ella, una mujercita en cuyo rostro todavía se aprecia la niña que ha sido pocos años atrás. El hijo mayor, en cambio, es un morochito malhumorado que vaya a saber uno a quién salió. No se lleva bien con el padre, y tampoco ninguno de los dos se lleva bien consigo mismo. Pero el hombre es recto, y el muchacho tiene un alma noble. Los interpretan Wagner Moura y Ravi Ramos Lacerda, que ya habían compuesto familia en el recordado drama de Walter Salles «Detrás del sol (Abril despedazado)».
Así diagramados los personajes, el resto era echarse a andar bajo el solazo del norte brasilero, seguir el rumbo de las nubes, si es posible hasta alcanzarlas en la cima del Cristo, con todo Rio bajo los pies. Planes, esfuerzos, agobio, cansancio, dudas, sorpresas, tentaciones, inesperadas amistades, discusiones, decepciones, posibles separaciones, logros finales (satisfactorios o no), nuevos sueños, se irían sucediendo por los caminos.
El asunto era fuerte, pero, quizá pensando en esos espectadores que no quieren sufrir demasiado, cada episodio está apenas expuesto en forma de viñeta, sin mayor emoción ni progreso dramático. Se privilegia en cambio una recargada postproducción visual y sonora, con abundante refuerzo musical, ricamente matizado. Un hallazgo, mejor dicho una constatación: la típica familia brasileña se une a través de las canciones de Roberto Carlos. Y un plus, para avivar turistas argentinos: la escena entre bambalinas de un «show indígena» en Porto Seguro.
Dejá tu comentario