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¿Cómo se continúa una obra inconclusa? ¿Y sí, además, el creador es alguien genial? El asunto: un policial del cual sólo se tenían cuatro capítulos y una sinopsis. El genio: Boris Vian, un polímata, alguien capaz de las cosas más diversas.
Ingeniero, poeta, empresario, inventor de máquinas, novelista, dramaturgo, músico, cantante, dibujante, pintor, actor, provocador, etcétera. Este año se cumplían cien años de su nacimiento y sus herederos querían celebrarlo. Sus novelas ya eran parte del canon en la consagratoria edición de la Pléiade, y algunas, como “La espuma de los días”, eran texto en los colegios. Sus obras circulaban en más de cuarenta lenguas. Sólo quedaban inéditas unas páginas manuscritas de un policial que se llamaría “No hay manera de escapar”(“On n’y échappe pas”).
El argumento era realmente bueno. Uno de esos policiales que Vian firmó como Vernon Sullivan (uno de sus cien heterónimos) y había iniciado con “Escupiré sobre vuestras tumbas” pastiche de las novelas negras de Chandler- que provocó una catarata de escándalos. Vian murió a los 39 años viendo solapadamente la espantosa versión que se llevó al cine de esa obra.
Los herederos no encontraban quién podía concluir la novela hasta que pensaron que, dado que Vian, por su indómita creatividad, había sido consagrado Sátrapa del Colegio de Patafísica -donde, siguiendo las enseñanzas del Dr. Faustroll, se enseña la ciencia de las soluciones imaginarias– se podía convocar al área doctoral de ese increíble colegio, el OuLiPo, el taller de literatura potencial, fundado entre otros por el patafísico Raymond Queneau, masonería creativa que reúne a escritores y matemáticos. Los oulipanos, acostumbrados a trabajar con constricciones, aceptaron el desafío. El verdadero arte siempre trabaja con una libertad limitada: Víctor Hugo con los poemas alejandrinos, Borges con los sonetos. Eligieron seis de sus miembros, que quedarían anónimos. Hicieron un plan: a los cuatro capítulos escritos por Vian se le agregarían doce más. Seguirían estrictamente la sinopsis. Todo ocurriría en Black River, EE.UU., en 1950. Se mantendría el estilo, él humor, los juegos de palabras de Vian. El resultado fue asombroso. Se logró, sin fisuras, una nueva novela negra de Vian–Sullivan donde Frank Bolton, joven coronel, regresa de la guerra de Corea donde estuvo a cargo de los lanzallamas. Perdió su mano izquierda y le colocaron una prótesis de acero. Al llegar a Black River, al hogar familiar, se entera del asesinato de su primera novia. Pronto se suman otras mujeres ejecutadas. Como todas han tenido relación con Frank, este pide ayuda al afeminado detective Narcissus Rose. El thriller ha comenzado. Y hay un bonus con las ideas oulipanas que planearon los escribas, como un capítulo armado con frases de obras de Vian, que descartaron porque era Boris Vian el que escribía a través de ellos.
=“No hay manera de escapar”, Boris Vian y OuLiPo (Bs.As., Caja Negra, 2020, 141 págs.).
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