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17 de junio 2008 - 00:00

Lo dramático atrae, lo didáctico abruma

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Víctor Laplace, Karina K. y Alejandro Paker son las puntas del triángulo amoroso entre Pepe Podestá, Rosita de La Plata y Frank Brown.
«Pepino el 88». Libro y Dir.: D. Suárez Marzal. Int.: V. Laplace, Karina K, A. Paker y elenco. Mús.: F. Mizrahi. Coreog.: A. Cervera. Ilum.: N. Trovato. Vest.: R. Schussheim, Esc.: J. Ferrari. (Teatro Presidente Alvear.)

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La familia Podestá, cuyo nombre quedó asociado a los orígenes de nuestro teatro, tuvo una enorme influencia en la vida cultural argentina entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Los testimonios que quedaron de su paso por la escena y el cine nacional (mudo y sonoro) justificarían, como mínimo, la realización de una miniserie; quizás, el único formato que podría hacerle justicia a un material tan frondoso.

Pero, si nos circunscribimos al ámbito del espectáculo, también la comedia musical ofrece buenas herramientas para abordarla, ya que permite exhibir en todo su colorido algunas de las rutinas artísticas (acrobacia, danzas folklóricas, payadas, monólogos políticos y representaciones dramáticas) que practicaban estos artistas.

Daniel Suárez Marzal optó por rememorar las andanzas de Pepe Podestá (la figura más saliente de la troupe, creador del payaso Pepino el 88 y protagonista del primer drama gauchesco «Juan Moreira» estrenado en 1886 en la arena de un circo criollo) a través de una variada sucesión de cuadros musicales. Y, para darle un mayor vuelo a esta historia, introdujo en ella un triángulo amoroso del que participan Pepe, la ecuyère Rosita de La Plata ( esposa de su hermano Antonio) y el célebre payaso inglés Frank Brown. Este conflicto alterna en el escenario con otros cuadros que procuran reflejar el entorno socio-cultural de la época. Por allí aparecen los primeros tangos bailados entre hombres o las correrías del entonces senador Carlos Pellegrini (caballero juerguista y mujeriego, según la obra). Pese a que cada escena está trabajada con cuidado, el conflicto central tiende a perder fuerza debido a su escaso desarrollo dramático y a la exagerada acumulación de datos que el autor pone en boca de los intérpretes.

Lo que a nivel informativo puede resultar interesante, en términos teatrales entorpece la acción. No se explica, por ejemplo, que casi sobre el final aparezca otro Podestá (Pablo, el hermano con problemas mentales) recordando episodios de su vida, mientras que a Antonio (el marido de Rosita) nunca se lo ve.

Aun así «Pepino el 88» es un espectáculo que tiene sus valores, tanto a nivel artístico como en calidad de contenidos. La música de Federico Mizrahi evoca ritmos y melodías de la época, mientras que la escenografía y el vestuario recrean sin fisuras el ambiente circense. Víctor Laplace (Pepe Podestá) pone toda su pasión y energía en este clown-actor que defendió nuestra identidad ante la mirada prejuiciosa (y europeizante) de la elite cultural porteña.

Aunque los que más se lucen en comicidad y técnicas payasescas son Alejandro Paker (el clown inglés) y Luis Longhi como «Cocoliche». Karina K compone a una Rosita etérea y melancólica que merecería tener un papel de mayor peso y consistencia dentro de la trama. El resto del elenco se destaca, sobre todo, en los momentos más festivos del espectáculo, bien apuntalados por la coreografía de Alejandro Cervera.

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