Tritek: «Claro que el comunismo es anacrónico; en 'Cielo Rojo, El Sueño Bolchevique' quise homenajear a dos poetas que se jugaron por sus ideales durante una dictadura en que otros se suicidaban o huían de Rusia».
En su nuevo espectáculo, «Cielo Rojo, El Sueño Bolchevique», la directora Helena Tritek reunió a dos brillantes poetas rusos, Anna Ajmátova y Vladimir Maiakovski, dos vidas de destino trágico a causa del brutal aparato soviético.
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El germen de este espectáculo que se ofrece todos los viernes a las 21 hs. en Timbre 4 (Boedo 640), surgió en el Ciclo «Octubre Rojo Rojas», que organizó el Centro Cultural Rojas, el año pasado, al cumplirse los 90 años de la Revolución Rusa.
Ahora Tritek lo ha enriquecido con canciones populares rusas, a cargo de Gypsi Bonafina, algunos testimonios autobiográficos y escenas líricas. Al parecer, al fin, va a poder estrenar la postergadísima «Cremona» de Armando Discépolo en el Cervantes y también espera poder dirigir «El diario de Ana Frank» (La directora se niega a dar nombres, pero algunas fuentes dan por cierto que el papel recaería en Celeste Cid).
Periodista: ¿No es anacrónico hablar hoy de comunismo?
Helena Tritek: Sí, lo es. Pero esto no tiene nada que ver con la actualidad política, es la visión de dos poetas que se jugaron por sus ideales. Emociona ver cómo están metidos en la historia y cómo a veces la anticipan. Eran dos iluminados.
P.: ¿Qué papel jugó cada uno?
H.T.: En esa época los poetas se suicidaban o se iban de Rusia. A través de la poesía de Maiacovski -él también terminó pegándose un tiro- quise mostrar ese fuego, esa fe, esa entrega absoluta de aquellos que creían que el mundo podía cambiar para bien de toda la humanidad. Y a través de Ajmátova hablo de lo que pasó bajo la dictadura de Stalin. Ella se quedó en Rusia pese a que ya no la publicaban. Era una roca, no tenía dinero, estaba prohibida y seguía escribiendo. La gente sabía sus textos de memoria. Cuando pusieron presos a su marido y a su hijo ella vivió muy recluida, pero siempre demostró una gran fortaleza. En uno de sus poemas pide: «después de todo esto no me hagan monumentos ni homenajes, no me hagan nada». Bueno, en Moscú tiene dos monumentos [sonríe];, uno de ellos está en una plaza, frente a la cárcel donde solía hacer largas colas para visitar a su hijo.
P.: En su espectáculo incluye el testimonio de una ex militante comunista.
H.T.: Sí, el de Teresa Cura, que relata sus días afiliada al PC de Córdoba. Es una señora mayor que un día dejó de ser asistente social y se vino a Buenos Aires a estudiar teatro.
P.: ¿Y qué recuerdos guarda ella de su pasada militancia?
H.T.: Precisamente ése es el tema de su monólogo. Ella habla de la fe que tenían en un mundo más justo y solidario; cuenta lo felices que eran leyendo y estudiando textos doctrinarios o haciendo asaditos. esas cosas tan simpáticas que hacen los seres humanos.
P.: Usted rescató el costado más humano y pintoresco de estas historias, no su base ideológica.
H.T.: Todo está narrado desde una mirada femenina y con mucho humor cordobés, porque Teresa es de Córdoba. Cuenta lo enamorada que estaba del sindicalista Agustín Tosco, una figura clave del Cordobazo; o cuando los visitaba el teórico de izquierda Héctor P.Agosti y ellos le preguntaban: «Maestro ¿cuándo va a venir la revolución a la Argentina?». El, después de un rato, les respondía: «Dentro de dos o tres años». Mire usted qué ingenuidad. Otra anécdota muy simpática ocurrió cuando su mamá quiso esconderle el carnet del partido, porque en ese entonces estaba proscrito, y no tuvo mejor idea que cosérselo en el forro de un tapado.Pero un día alguien vino a pedir prestado el abrigo y se armó un lío bárbaro.
P.: ¿Finalmente, va a estrenar «Cremona» en el Teatro Cervantes?
H.T.: Así parece, ya están firmando los contratos y son como veinte de elenco. Dicen que estrenamos en junio. Fue una pena que Rodolfo Bebán abandonara el proyecto después de tantos atrasos. Pero ahora lo reemplazó Juan Carlos Dual, que es un actor muy interesante. También estoy contentísima con Enrique Liporace, otro que ganó en sabiduría con los años.
P.: Y tiene otro proyecto más ambicioso todavía...
H.T.: Estoy en tratativas con la gente del Teatro Regina para llevar a escena «El diario de Ana Frank». Creo que es el momento justo para hacerla, por la crisis de espiritualidad, la falta de valores y el individualismo en el que vivimos. Me parece importante hablar de gente como esta chiquita, tan brillante y generosa y con una visión del mundo tan sabia. Ella también era una iluminada.