Matilde Marín
planta en sus
paisajes objetos
ajenos a las
condiciones
normales del
medio ambiente,
como un faro o
un despliegue de
hierros retorcidos
en medio de la
llanura.
En la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, Matilde Marín presenta «De natura (zona alterada)», una exhibición de fotografías y videos realizados a partir del año 2002, curada por Mercedes Casanegra y montada por Gustavo Vázquez Ocampo. La muestra descubre una práctica artística ligada a un concepto particular de la cultura, a una «cultura» entendida como protección, como cuidado, en el sentido más amplio del término, que involucra atención y esmero en la custodia de algo que se valora y se ama.
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En el ingreso a la sala se proyecta «Río frío», un breve video realizado en la reserva del Parque Los Alerces, donde la naturaleza ostenta todo su esplendor. A partir de esta obra comienzan las alteraciones. «Turbulencia II», una serie de inmensas y nítidas fotografías de pastizales y bosques anegados, refleja de modo objetivo el riesgo de un desequilibrio ecológico.
En «Paisajes alterados», Marín aborda el mismo tema, las posibles catástrofes ecológicas, pero de un modo ambiguo y complejo. Interviene digitalmente las imágenes para crear mundos imaginarios, y con sus «alteraciones» genera un clima de incertidumbre. Planta en sus paisajes objetos enigmáticos que resultan ajenos a las condiciones normales del medio ambiente, como un faro o un despliegue de hierros retorcidos en medio de la llanura, unas luces escenográficas en un desolado pedregal, o una nube de humo tan negra y compacta que resulta irreal. En estas imágenes resuenan los ecos de los fotomontajes dedicados a los sueños de Grete Stern, o los paisajes oníricos de Max Ernst, donde siempre acecha lo inesperado.
Marín no elude la política y presenta dos series surgidas a partir de la crisis del 2001. «Bricolage» exhibe la basura integrada al paisaje urbano de varias ciudades de Latinoamérica y Nueva York, mientras «El día de Karina. La ilusión», es un poético y melancólico video de una vendedora callejera de burbujas. Con los nuevos soportes tecnológicos, la artista rescata la tradición de los artistas viajeros de los siglos XVIII y XIX, una constante en su nomadismo.
Así, en el video, «No demasiado lejos», realizado en Cabo Vírgenes, el extremo más austral de América, captura el sentimiento cósmico que suscita la visión del fin del mundo, atrapa una belleza cuya condición sublime destaca a través de la música, del aria «Ebben, ne andrò lontana» de «La Wally», cantada por Victoria de los Angeles.
En una simbólica serie de fotografías que cierra la muestra, la artista sostiene entre sus manos elementos diversos, pajas, ramas, peces, panes, plásticos o cartones, que ostentan su condición esencial. Estas imágenes son las más representativas de su estilo: sensible y controlado a la vez, siempre oscilando entre lo sensorial y lo racional. Las manos, que parecen extraídas de una pintura del Quattrocento italiano, le brindan a la obra un carácter atemporal y universal.
La muestra de la galería Delinfinito, «El paraíso sólo existe en fragmentos», simultánea a la del Recoleta, corrobora el rigor del oficio y la vocación estetizante de Marín. Con el recurso de un papel de impresión dorado y el enmarcado con acrílico en vez de vidrio, que acentúa la nitidez de la imagen, las fotografías parecieran ganar una tercera dimensión. Los paisajes están alterados esta vez por su hiperrealismo. La belleza se percibe más real que la realidad, al punto de parecer artificial.
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