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Ahora, pasados ya treinta años, al fin abren la boca varios de sus partícipes. No solo ex-guerrilleros, sus familiares y abogados, sino, sobre todo, ex-guardiacárceles, dos de los taxistas, dos periodistas locales que conocían a medio mundo, el médico, el empleado de la funeraria, un ex conscripto, y hasta el que los dejó de a pie y hoy quiere justificarse.
Y a medida que cuentan cómo iban sucediendo las cosas, la cámara se instala en esos mismos lugares, a la misma hora en que ocurrieron, como para que el público se haga una idea de la luz que había en cada momento, de la distancia, y de los nervios. Y ver, de paso, que donde antes se escribían consignas de liberación nacional, etc., ahora hay graffitti de En suma, un suspenso bien logrado, aun para quienes ya saben los pormenores de la historia, bien completado con imágenes de archivo, y, más allá de partidismos, el mejor documental de investigación que ha hecho hasta ahora
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