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11 de diciembre 2006 - 00:00

Maura: "¿Memoria emotiva? Si tengo que llorar, finjo"

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«Que las películas sean negocio, que den pasta. Colas de público. Es lo que más me gusta y el mayor premio que pueda tener», dijo a este diario Carmen Maura en Pinamar, donde recibió un homenaje.
Pinamar (Enviado especial) - «Me ha sido más fácil mi carrera que la vida», comenta la actriz Carmen Maura en distendido aparte con este diario, tras la inauguración del Festival Pinamar, y más tarde agrega «Hacer felices a los demás me ha sido más fácil en el cine que en la vida real». Fragmentos de una charla de elocuente sinceridad.

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Familia. Antonio Maura y Montaner, líder conservador, cinco veces jefe de gobierno, era un tío abuelo de mi madre (yo soy García Maura), un antepasado muy lejano, pero me lo recordaron cuando empecé a actuar. Mis padres (él, médico, ella, su ayudante en el consultorio) eran más bien de derecha. Quise ser periodista, les pareció una ordinariez.

Llegué a matricularme en Filosofía, me impidieron ir a clase. Considerando la época (pleno franquismo), no eran monstruos, eran muy normales, y me querían mucho. Me casé a los 19 años, para salir de casa y para lo demás, porque entonces follar antes del casamiento estaba mal visto, aparte que era difícil, porque no podías entrar en hoteles, y si la Guardia Civil te pillaba en un auto ibas a la cárcel (lo mismo que las adúlteras, no así los hombres). Cuanto mucho, la más avanzada, pues, metía mano, pero nada más. Me casé, y mi marido, que era en apariencia muy moderno, me dijo «¿qué negocio te apetece?». Seis meses anduve por las galerías de arte, diciendo que un primo mío quería exponer, así aprendí la mecánica del asunto, y pusimos una galería, con la cunita del primer hijo al lado de mi escritorio. El negocio se mantenía, pero mi verdadero placer fue entrar en un grupo de actores aficionados. Yo no entendía nada de la vida real, no sabía ni coser un botón, pero eso de actuar se me daba bien.

Carrera. Un crítico me dijo «tú tienes talento». Cuando supe que se podía vivir de esto, en 20 minutos me decidí. Empecé haciendo cabaret, teatro, cortos, hasta fotonovelas, por un tiempo era como una doble vida. Pero a mi familia, ser actriz le cayó muy mal. Fue un año terrible. Se pusieron como bestias, que eso era de putas, que además ya era muy mayor (25 años), una señora casada, esperando el segundo hijo, yo me emperré, y llegamos hasta el divorcio. Quizá si me hubieran dejado hacer, no hacía nada. Al mismo tiempo, en la profesión me vieron como una advenediza, que encima ni siquiera precisaba dinero, lo que era falso, porque al separarme perdí toda entrada económica, y lo peor es que hasta me quitaron los niños. Debuté en el largometraje con un papelito donde apenas le decía «Qué simpático es usted, doctor», al argentino Carlos Estrada. Me recuerdo, con un trajecito rosa. Después vinieron Fernando Colomo («¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?»), con quien tuve una historia de amor y seguimos siendo amigos, el único de entonces que no ha cambiado con el éxito, y Pedro Almodóvar, que entonces era sinónimo de ordinariez, pero yo lo encontraba super listo. Con él trabajé diez años, acabamos hasta las narices, ahora nos reencontramos en «Volver», y a la primera indicación que me hizo se la clavé (es decir, di en el clavo con lo que me pedía), funcionábamosexactamente igual que antes. Me dijo «Carmen, olvídate que vas al gimnasio», y empecé a caminar toda desgarbada, tal como él esperaba.

Hollywood. Cuando fuimos con «Mujeres al borde de un ataque de nervios» me ofrecieron quedarme. Pero era un mundo que nada que ver: todas las figuras con guardaespaldas, abogados, publicistas, entrenadores, no, gracias, en casa vivo bien. Hago mi pilates, paseo con mi perra, voy al colegio a buscar a mi nieta, voy de tarde al cine, sola.

Estudios. Me presenté a grupos serios, pero eso de «eres una manzana, interpreta a una manzana», que estaba de moda, no iba conmigo. Lo mismo que estudiar diez años para creerte que eres un indio. A mí me dan un disfraz, y ya está. No me den el rollo con que para hacer de loca debo estar cuatro meses en un manicomio. Y si tengo que llorar, finjo. ¿Memoria emotiva? No me gusta utilizar mis propias tristezas para llorar. Yo finjo, total es fácil. Lo difícil es soltar una carcajada auténtica.

Consejos. El éxito de público es lo que más me gusta. Que las películas sean negocio, que den pasta. Colas de público, el mayor premio que se pueda tener. En el set, cuando un director no me acepta una sugerencia, obedezco, porque es el camino más corto, a ver si por insistir con mi idea me echan un discurso de media hora. «¿Y si voy para allá? ¿No? Ni una palabra más». No me humilla en nada. A veces elijo un trabajo porque quiero ir a filmar al campo, o porque el chico que dirige me cae bien aunque no lo entienda. No soy exquisita. Otra cosa: no creerte la mejor actriz el año en que te dan premios, ni la peor cuando no te los dan. Eso depende de cosas ajenas a tu trabajo (si te han dado un papel reluciente, si la película ha sido vista, etcétera.)

Entrevista de P.S.

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