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26 de abril 2002 - 00:00

Meg Ryan enamora sin e-mail ni Tom Hanks

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Escena del film


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La comedia, producida bajo las estrictas normas del neorromanticismo dulzón de Hollywood, no deja de ser agradable pese a su absoluta previsibilidad. En la misma línea de
Este tipo de películas, cuyo desenlace no debe sorprender sino alegrar al público (ya bastante angustia produce la incógnita del valor del dólar como para que el amor tampoco triunfe en el cine), suelen ofrecer sus mejores momentos en sus aspectos complementarios, y
La escena del rodaje del aviso publicitario que lo lleva a él como modelo viviente (y su posterior reacción al conocer la calidad del producto que le intentan hacer vender), ciertas líneas de diálogo felices y algunos personajes secundarios bien caracterizados sostienen, amenamente, la culminación esperada.



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