Chocan, desgraciadamente, los diálogos recitados, varias situaciones forzadas, el acento y vocabulario inadecuados del protagonista, famoso actor isleño, queriendo encarnar a un cubano criado en Miami. Algunas escenas hasta resultan bochornosas, sobre todo la de una catarsis pública que antecede al purificador desenlace. Todo eso suena falso. Pero interesa, en cambio, el modo en que casi continuamente Dos símbolos definen su relato: un viejo edificio habanero sostenido por pilares, que es toda una metáfora, y una actriz,
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