Hoy, ante su secuela, cabe hasta valorar algunos aspectos de su primera parte, que narraba con cierta fluidez la vida de un grupo de estudiantes universitarios paneuropeos, que compartían un pisito en Barcelona mientras concurrían a clases. El mejor chiste del film era aquel en que un profesor se obstinaba en hablarles en catalán a estudiantes que se habían esforzado en aprender el español.
No parece probable que, dentro de 3 años, ante la eventualidad de un tercera parte, se recuerde algún chiste de
Como si se tratara de una ley física, una película con más de 3 millones de espectadores está condenada a continuar: esa ley no es despreciable en sí misma (hasta
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