16 de mayo 2001 - 00:00

Murió Bolognini, símbolo del cine italiano del ´60

(15/05/2001) El director Mauro Bolognini, autor de «Il bel Antonio», «La viaccia», «Metello» y «La herencia de los Ferramonti», falleció ayer en Roma, a los 78 años de edad. Se había iniciado en 1953, al servicio de Mario Carotenuto, Alberto Sordi, Peppino De Filippo, Aldo Fabrizi y otros cómicos, incluyendo al mismísimo Totó, en títulos como «Los alegres vigilantes» y «Marisa, la coqueta», con la despampanante Marisa Allasio, una gloria de la llamada «comedia a la italiana».

Pero en 1959 Bolognini cambió de registro y se hizo notar por sí mismo, con «La noche brava», a la que siguieron «Un día de locura» y el éxito mundial de «Il bel Antonio», donde consagró a Marcello Mastroianni en el papel del «latin lover». Ahí brillaba, también, Claudia Cardinale, futura estrella de «La viaccia» (1962), película que signaría el gusto del autor por las historias, bellamente enmarcadas, de mujeres de la mala vida, como «Bubú» (basada en «Bubú de Montparnasse»), o como su última obra notable, «La verdadera historia de la dama de las camelias», de 1981.

A lo largo de su carrera, Bolognini se destacó tanto en el manejo de hermosas mujeres (Rossanna Schiaffino, Lea Massari, Sandra Milo, Stefania Sandrelli, Ottavia Piccolo, Virna Lisi, Dominique Sanda, Laura Antonelli, etc.) y de extraños galanes ( Gérard Blain, Laurent Terzieff, Jean Sorel, Massimo Ranieri, Fabio Testi) como en la cuidadosa adaptación de grandes novelas de Alberto Moravia,Vasco Pratolini, Stendhal, Dumas y otros autores de prestigio, que él llevaba al cine con una exquisitez rayana en el manierismo, sobre todo en sus películas de época.

Alternando, y a veces mezclando, asuntos eróticos y sociales, Bolognini tuvo libretistas tan variados como el poeta Pier Paolo Pasolini, el pornófilo Tinto Brass o el comediógrafo Pasquale Festa Campanile. A mediados de los '80 estuvo en la Argentina, planificando una versión de «El túnel». La misma fue aprobada por Ernesto Sabato, pero que por diversos motivos, cuando ya parecía todo listo, no llegó a concretarse, lo que quizá fuera una suerte. Ya para entonces había empezado la decadencia del italiano. Lejos de la fama de otros tiempos, sus últimas películas fueron simples sexoleras medio presuntuosas, que aquí se estrenaron en salas para «valijeros».

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