Acaso fueron los amantes del policial, hartos de la mezcla de novela negra con novela de terror, los que de la noche a la mañana convirtieron en best seller a “El club del crimen de los jueves”, una “novela al viejo estilo” donde no hay asesinos seriales ni violencia desenfrenada ni cataratas de sangre, sino que sólo se trata de descubrir quién hizo de alguien un cadáver. A Richard Osman, guionista de TV y conductor de un exitoso programa de preguntas y respuestas de la BBC de Londres, se le ocurrió recuperar la tradición británica de la “novela de enigma”, el “whodunit”, género clásico al que dieron fama, entre otros, Conan Doyle, Chesterton y Agatha Christie. Reunió en un exclusivo geriátrico -montado en un viejo monasterio- cuatro encantadores ancianitos que de ancianos sólo tienen la edad porque son vitales, ágiles e inteligentes, y deciden usar los jueves el Salón de Rompecabezas de esa institución high class para transformarse en detectives. El cuarteto de investigadores lo forman Elizabeth, impulsora del club, que debe de haber sido por lo menos espía o servicio de inteligencia; Ibrahim, metódico ex psiquiatra; Ron “Red”, ex militante y barrabrava de un equipo de fútbol, y la ex enfermera Joyce, que se pasa contándole al lector chismes del grupo y de las investigaciones realizadas.
