El historiador
británico
Antony
Beevor, luego
de haber
investigado
«La caída de
Berlín» y
«Stalingrado»,
ahora da una
nueva visión
de la Guerra
Civil
Española.
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La cifra de muertos por el terror blanco y la limpieza sistemática del franquismo la sitúa Beevor en torno a 200 mil y recuerda el juramento que por su honor hizo el general Queipo de Llano cuando dijo que «por cada víctima que hagáis, he de hacer lo menos diez». El autor se detiene especialmente en las matanzas habidas en Badajoz, Granada y Málaga. En esta última ciudad andaluza, donde actuaba como fiscal militar Carlos Arias Navarro, llamado el carnicerito de Málaga, El historiador británico resulta especialmente contundente cuando afirma que la necesidad que la República tenía de hacerse con armamento provocó «una verdadera fiebre del oro entre los dirigentes de algunos países». El arquitecto de la venta de armas a los republicanos no fue otro que el dirigente nazi
Especialmente interesante, por lo comprensiva y clara, resulta la narración que hace
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