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El plasma fue el primero en aparecer, pero presenta una desventaja fundamental denominada «burn in»: cuando una imagen permanece estática mucho tiempo, la pantalla tiende a «marcarse», a dejar una especie de «fantasma» de lo que se ha visto anteriormente. Una consideración que tampoco debe dejarse de lado es que el plasma tiene un límite de tamaño: no se construyen monitores de menos de 32 pulgadas, por lo que el tema de dónde se ubicará este tipo de televisores se torna fundamental a la hora de decidir. Por otra parte, el plasma aventaja al LCD en el tema del brillo y contraste de la imagen, ya que el LCD no representa el color negro de manera tan precisa y absoluta como el plasma. Dado su gran tamaño y su precisión a la hora de mostrar los colores, el plasma es la tecnología más aconsejable a la hora de planificar la instalación de un «home-theater».
Una de las principales ventajas del LCD sobre el plasma es la cantidad de horas de televisión que ofrece cada formato antes de perder precisión. Mientras el plasma tiene una vida media de 20.000 horas, el LCD alcanza sin problemas las 50.000.
Finalmente, ambas tecnologías son capaces de reproducir con fidelidad la señal de HDTV ( televisión de alta definición), y también pueden funcionar como eventual monitor de consola de videojuegos o de computadora, aunque debido al tema del «burn in», el LCD es más recomendable para estas aplicaciones.
Como conclusión podemos decir que la elección por uno u otro tipo de tecnología debe realizarse teniendo en cuenta algunos aspectos que van más allá del precio, como son el uso que se le dará al monitor y el lugar y función que el mismo desempeñará en el hogar.
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