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19 de octubre 2020 - 12:34

Luis Gorelik, a punto de dirigir a Martha Argerich: de los beneficios de la virtualidad a la igualdad de género en la música clásica

El Maestro Luis Gorelik estará a cargo de abrir la 52a edición del Festival Bemus en Serbia junto a la pianista Martha Argerich. A poco de viajar, el Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, dialogó con Ámbito sobre el arte en el contexto de la pandemia de coronavirus y más.

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El Maestro Luis Gorelik estará a cargo de abrir la 52a edición del Festival Bemus en Serbia junto a la pianista Martha Argerich
Nebojsa Babic

El 1° de noviembre la 52a edición del Festival Bemus, en Belgrado, se abrirá de la mano de dos argentinos: el Maestro Luis Gorelik dirigirá a Martha Argerich. Allí se interpretará el Concierto para Piano y Orquesta No. 1 Op. 15 de Beethoven junto a la Orquesta de la Radio Televisión Nacional de Serbia.

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En ese marco, antes de viajar a Serbia el actual Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, dialogó con Ámbito sobre el arte en el contexto de la pandemia de coronavirus, la situación de las orquestas sinfónicas nacionales, la desigualdad de género en la música clásica y más.

Periodista: ¿Qué características diferentes tendrá el Festival Bemus en el marco de la pandemia de coronavirus?

Luis Gorelik: Muchas. En primer lugar, una adaptación necesaria a las limitaciones impuestas por la situación sanitaria. En el caso de Serbia, donde estuve hace poquito dirigiendo, hubo un gran alivio hace un mes y ahora hay un poco más de cosas. Entonces ha cambiado un poco la situación sanitaria, lo que impone algunas limitaciones, por ejemplo la cantidad de público que se puede admitir en las salas de concierto. En este caso creo que va a haber un número máximo de 500 personas, aproximadamente.

P.: En este contexto, ¿dudó en participar o tuvo miedo de viajar?

L.G.: Sí, es una situación difícil. Cuando fui el mes pasado a dirigir la ópera Rigoletto fue una situación rara para todos, el momento del viaje sobre todo. Los aviones siguen estando igual de llenos que siempre, eso da un poco de susto. La única diferencia es que la gente va con barbijo y te limpiás las manos todo el tiempo. No es que me haya hecho dudar, yo creo que tenemos que aprender a gestionar nuestros miedos y a convivir con esta realidad que no sabemos cuánto tiempo va a dudar. Parte de esa convivencia radica en asumir cierta cuota de riesgos, hasta donde uno calcula y cree que es razonable y necesario. Obviamente que en mi casa el riesgo es menor, pero en mi caso personal la salud también pasa por la posibilidad de poder ejercer mi actividad.

P.: ¿Cuál es la situación de las orquestas sinfónicas argentinas en el marco de la pandemia?

L.G.: Depende el caso. En el caso de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, que es la orquesta que dirijo hace 10 años, hemos hecho bastantes actividades a través de videos, hemos hecho más de 60 videos desde marzo hasta ahora. En un punto fue bueno, porque permitió la llegada a miles y miles de auditores, generó una interacción con públicos diferentes. Hay videos que han tenido 40 mil o 50 mil interacciones. No es un dato menor: la virtualidad no es algo que va a haber que desechar el día que se retome la presencialidad.

Y de a poquito estamos pensando en una vuelta presencial. De hecho, hace unos días grabamos en Paraná con un pequeño conjunto de la orquesta y un músico muy conocido en Entre Ríos, Carlos “el Negro” Aguirre.

En las orquestas centrales, llámese Teatro Colón, Sinfónica Nacional, Orquesta Juan de Dios Filiberto, llama la atención que no se ha generado nada o casi nada, salvo algunas iniciativas hechas por los propios músicos. Estaría bueno replantearse eso porque nadie sabe realmente cuánto va a durar. Todos queremos volver a la presencialidad, no hay nada mejor que un concierto en vivo, pero mientras tanto seguimos siendo empleados del Estado y tenemos que cumplir algún tipo de función.

P.: Con los videos y el streaming que usted menciona, ¿dio la pandemia una oportunidad a la música clásica para masificarse o popularizarse?

L.G.: Sin duda. La pandemia, como todas las crisis, no hace más que acelerar un proceso necesario de replanteo de nuestros paradigmas profesionales. Seguir insistiendo con un modelo de trabajo que tiene 100 años o más, no te digo que está mal pero está bueno, cada tanto, sentarse y replantearlo. Evidentemente hay muchas cosas que están cambiando; si bien nadie tiene la respuesta, hay una apertura necesaria que debe realizarse por tres vías: la pedagógica, la social y la digital (siempre apuntando a términos sociales, no pensado comercialmente).

Con la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos hacemos conciertos para un auditorio de entre 1.000 y 2.000 personas; hasta ahora no habíamos generado contenidos que fueran vistos por 40 o 50 mil personas. Eso evidentemente es una apertura muy grande. Es cierto que no es lo mismo tocar en vivo una Sinfonía de Mahler que un video de seis minutos de duración, pero eso nos está mostrando una vía de comunicación que es muy importante.

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Antes de viajar a Serbia, Gorelik dialogó con Ámbito sobre el arte en el contexto de la pandemia de coronavirus

P.: Usted mencionó como una de las vías de apertura necesarias la pedagógica. Como titular de cátedra en la Universidad Nacional de las Artes, ¿qué lugar tiene la actividad docente en su vida y en su carrera?

L.G.: Tiene un lugar muy importante, siempre he tenido vocación pedagógica. Siempre me interesó la enseñanza, he dado muchísimos cursos de dirección y hace diez años que soy titular de cátedra en el Departamento de Artes Musicales de la U.N.A, el ex Conservatorio Nacional. Disfruto muchísimo de la enseñanza por muchas razones, pero la principal es que me mantiene en permanente proceso interpelativo, porque al tener que enseñar es imprescindible el replanteo permanente del paradigma de qué tipo de profesionales uno está formando. Eso es muy saludable para cualquiera.

P.: No es la primera vez que dirige a Martha Argerich, ¿qué siente al compartir escenario con una artista de esta envergadura?

L.G.: Martha es una artista gigante, es una enorme artista. Yo tuve oportunidad de acompañarla hace dos años en concierto para piano de Liszt, en Entre Ríos. Es una aventura y un aprendizaje muy grande. En este caso vamos a tocar el Concierto No. 1 Op. 15 de Beethoven, que es una obra que ella toca hace 71 años, desde que tenía 9 años. Es una artista con una capacidad creativa y de intercambio, muy generosa, que tiene un diálogo permanente con su ‘partner’, no importa quién sea ese ‘partner’. Eso nutre y enseña, no es que uno debe adaptarse forzadamente a lo que el solista propone, que en este caso tranquilamente podría hacerlo porque tiene mérito de sobra para eso.

P.: ¿Hay un cambio de paradigma en ese sentido dentro de la música clásica respecto al autoritarismo y a las posiciones de poder?

L.G.: Depende, no necesariamente. No es así en todos los casos, por eso destaco esto en Martha Argerich. Son casos individuales.

P.: Respecto a la desigualdad de género en la música clásica, ¿cree que están apareciendo más espacios para las mujeres, sobre todo en cuanto a composición y dirección?

L.G.: Sí, creo que sí. Es un proceso, y como todo proceso va a llevar un tiempo. Muchas de mis mejores alumnas son mujeres, tengo excelentes alumnas y algunas de ellas ya están haciendo carrera profesional por mérito propio. No obstante, como todos los temas de género, está bien visibilizarlos, pero va a llevar cierto tiempo hasta que se vaya equilibrando. Es parte de un proceso social que para mí es muy bueno, que ya está encaminado. En este momento hay excelentes directoras mujeres en distintas partes del mundo y, sin dudas, con el tiempo se va a ir incrementando ese número.

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