Al ingresar a la Colección Amalita donde se presenta “Alienígena. Emilio Renart y su práctica artística y social”, la primera muestra retrospectiva del artista, el espectador descubre un arte que, si bien tiene cierta cercanía con el informalismo, se diferencia de las expresiones cercanas al Pop del Instituto Torcuato Di Tella y también de las del resto de los artistas de su tiempo. Renart es una rareza. La exhibición, curada por Sebastián Vidal Mackinson, significó un trabajo exhaustivo y demandó alrededor de tres años de firme investigación en los archivos públicos, además de la búsqueda de obras en manos privadas.
Emilio Renart (Mendoza, 1925-Buenos Aires, 1991) no es tan lejano en el tiempo, pero ha estado ausente en la memoria. Y el acceso a su extraña obra resultó siempre dificultoso. De la llamativa serie “Integralismo. Bio-Cosmos” realizada entre los años 1962 y 1967, no todo se conserva. Están los dos primeros trabajos que integran la colección del Museo Moderno y que, sumados a una extensa producción de pinturas, dibujos y esculturas, brindan un claro testimonio de la genialidad del artista.
Emilio Renart, un artista para redescubrir
La muestra del Fortabat se abre con el espectacular “Bio-Cosmos 3”, un sexo femenino con volumen, y muy piloso, como gran parte de sus dibujos. La parte central la resguarda el Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata, los dos grandes laterales se perdieron. Con esta obra ganó el Premio Nacional del Instituto Di Tella de 1965 cuyo jurado estaba integrado por el célebre teórico estadounidense Clement Greenberg, el francés Pierre Restany y Jorge Romero Brest.
En realidad, la percepción sobre la excelencia de los valores estéticos de Renart, fue expresada en su tiempo por varios entendidos, desde Aldo Pellegrini, que aclaró: “Toda intención descriptiva no alcanza a dar la fuerza, la originalidad, la fantasía de estas obras que unen de un modo sorprendente lo abstracto y lo vital”. Entre los textos críticos figura el del escultor Juan Carlos Distéfano, quien califica de “absolutamente original” el envío de Renart a la IX Bienal de San Pablo. Distéfano habla de una “obra revulsiva, esclarecedora, que pasaba inadvertida porque no se encuadraba dentro de los esquemas emanados de las grandes capitales culturales”.
Entre 1968 y 1976, “cansado de la indiferencia y de hipercompetir”, Renart abandonó la producción artística para dedicarse a la docencia, y se instaló unos meses en Francia gracias a la beca del Premio Braque.
A través del recorrido de las series que van desde fines de los años 50 hasta sus últimas producciones, Vidal Mackinson señala la importancia crucial del papel que juega la “creatividad” en la obra y también en la vida de Renart. Por otra parte, en un conjunto donde domina la producción abstracta, destaca la condición figurativa de algunas obras realizadas durante la dictadura militar. Allí está su misterioso “Autorretrato” y la silueta humana encajonada de la formidable escultura “Anverso – Reverso”.
Renart fue una figura silenciosa, parecida en este sentido a su amigo, Rubén Santantonín, el autor de los famosos “cosos”. Pero cuando en 1983 presentó una muestra en el Espacio Giesso, el crítico Hugo Monzón lo escuchó hablar y lo invitó al Museo Sívori, a dictar un curso sobre Introducción a la Creatividad. Así difundió sus ideas sobre “las facetas de la creación” que alcanzan a todos los hombres, sean o no sean artistas. “De ser así creo que se justifica con creces el hecho de haber nacido”, sostenía.
Los 30 inscriptos del primer mes, crecieron a 120. Así surgieron varios grupos y en el ambiente del arte porteño se hablaba entonces de Renart. Acaso por que nunca perdió de vista la comunicación, el afecto y otras cuestiones vitales. La complejidad de sus ideas las volcó finalmente en el libro “Creatividad”, publicado en 1987. Sobre este tema, el curador de la exposición, opina: “Quiero leer sus textos en la muestra y activar algunos ejercicios de Introducción a la Creatividad que hizo en el Museo Sívori entre 1985 y 1988. Me contó una alumna que su energía crecía y crecía a medida que iba encontrándose con sus alumnos”.
“’Alienígena’ no es una referencia a los originarios de otros mundos o planetas. En esta retrospectiva -aclara el curador-, la palabra señala la condición extraña de una práctica que operó en la escena porteña de manera contundente”. En la última sala están las “Multimágenes”, más de un centenar de esculturas de 25 cm de poliuretano expandido, materiales de deshecho y madera, que presentó en la galería Ruth Benzacar en 1989. Renart aspiraba a presentar con materiales uniformes la variedad de las formas. “Siendo el pensamiento tan variable, las imágenes no deberían ser repetitivas”, observó.
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