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12 de agosto 2008 - 00:00

Pedro Roth: imágenes de tradición jasídica

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«Agata» (2005), acrílico sobre tela, de Pedro Roth, que integra su notable muestra «Imaginarios ».
La semana pasada se inauguró la muestra «Imaginarios» de Pedro Roth, en la Galería Laura Haber (Juncal 885). Son pinturas con las imágenes características de la singular retórica que ha venido elaborando en más de tres décadas de trayectoria.

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«La imagen más fuerte es aquella que contiene el más alto grado de arbitrariedad, aquella que más tiempo tardamos en traducir al lenguaje práctico, sea porque lleva en sí una enorme dosis de contradicción, sea porque uno de sus términos está curiosamente oculto, sea porque pertenece a lo alucinante». Así definía André Breton, en 1929, al reeditar, ampliado, el Manifiesto del Surrealismo.

Hace diez años, cuando Roth expuso en Espacio Creativo de La Plata, su amigo Juliano Borobio escribió sobre el método automático del artista y lo distinguió del automatismo psíquico propuesto por el surrealismo. Roth no se desprende de su propia historia y «arrastra su carga cultural, en ese largo camino que va desde Hungría a Buenos Aires».

Roth (1938) nació en Budapest, en cuyo ghetto vivió los avatares de la Segunda Guerra Mundial. Su padre murió en el campo de Auschwitz. Excepto un tío materno que estaba en Siberia, todos los hombres de su familia fueron exterminados y sólo sobrevivieron las mujeres, entre ellas su madre.

En el duro invierno de 1945-46, la familia Roth se estableció en Rumania donde se había instaurado la República tras la abdicación del rey Miguel I, aliado de Hitler. Se instalaron en Transilvania, región montañosa vinculada habitualmente con los relatos sobre el Conde Drácula.

Allí Roth entró en contacto con los rabinos asideos de su barrio: «Conviví con ellos y me enseñaron las tradiciones judías, el baño ritual, los ayunos, las festividades, tal como lo cuenta el escritor Sholem Aleijem», dijo. Este grupo de judíos ortodoxos (hassidim, en hebreo: los piadosos) que se opusieron a los intentos de helenización de Antíoco IV, en el siglo II a. C., y prefirieron rebelarse antes que violar la Ley, dieron origen a las sectas de los fariseos y los esenios.

«(...) el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley», según se lee en el Libro Primero de los Macabeos (II, 39). El hassidismo reapareció en el VIII d. C. en Polonia y Galitzia, bajo la dirección de Israel ben Eleazar. Aún subsiste en algunas pequeñas comunidades hebreas de la Europa oriental, donde los conoció Roth. Hace varios años les dedicó su muestra «El espíritu del sábado», pinturas neoexpresionistas, plenas de magia y nostalgia por aquel tiempo de su infancia.

En sus pinturas evocadoras de un mensaje de tolerancia y de libertad de conciencia, recordó a aquellos rabinos y al espíritu del sábado, día central de la vida religiosa judía. Roth residió cuatro años en Israel, hasta que viajó en 1954 a la Argentina, tierra en la que echó raíces. Estudió fotografía con Esteban Sandor y se especializó en retratos con Nicolás Schonfeld. «Un fotógrafo desprevenido atraviesa el umbral y piensa que va a poder escudar sus sentimientos detrás de la cámara. La realidad es más dura en el Garrahan. Largos pasillos de una luz tenue que lleva a infinitas habitaciones. Hasta la sonrisa cobra un significado diferente en el hospital», escribió para su presentación con el Grupo Cruz del Sur, en 1997, con motivo del décimo aniversario de la institución.

Entre sus muestras fotográficas de los últimos años se destaca la que realizó en el Centro Borges, en junio de 2005, con motivo de la Conferencia Mundial de la Paz en Lucknow, India. En 2001, expuso «Trait de Buenos Aires», en la Galería St. Charles de Rose en París. Al año siguiente inició el Proyecto Golem, Buenos Aires-Praga en el Museo Nacional de Bellas Artes (2003), con la curaduria del autor de esta nota, que impulsó y afianzó relaciones entre artistas, escritores y científicos de la República Checa y la Argentina.

Roth participó como organizador y como artista, integrando la muestra junto con los artistas checos Federico Díaz, Marian Karel, Lukas Rittstein, Barbora Slapetova y Dana Zamenickova, y los argentinos Pier Cantamessa, Rómulo Macció, Josefina Robirosa y Graciela Sacco. En octubre próximo, junto con María Kodama, Roth presentará en la Syracuse University -fundada en 1870-, el Golem según Jorge Luis Borges.

La institución ubicada a 400 km. de Nueva York tiene una población de 19.000 estudiantes. Según un relato tradicional, Johan, joven estudiante de Heidelberg, comenta a sus compañeros el deseo de ir en busca del Golem a Praga, ciudad consideradacomo el umbral mágicohacia otros mundos. Johan narra la leyenda creada por el sabio rabino Löw de Praga, que dominaba la cábala y que creó un hombre artificial.

Escogió a sus tres mejores discípulos y una noche, a orillas del río Moldava, luego de modelar una figura con barro, el rabino le introdujo en su boca el shem: un pergamino con la fórmula mágica y el Golem comenzó a respirar. El rabino le explicó que había sido creado para servir al pueblo elegido. Le asignaba todos los días una misión, pero una vez se olvidó y el poderoso gigante con su fuerza comenzó sembrar la destrucción.

Löw comprendió las consecuencias de su creación y le quitó el shem. Johan, sin embargo, consideraba que el Golem era un desafío que podía servir a aquel que lo hiciera revivir. Ese hombre de arcilla sería como el primer robot.

«Löw trató de penetrar el misterio y abrió la puerta a la biología, a la cibernética y a la inteligencia artificial. El misterio permanece, está ahí, somos nosotros los que le dimos la espalda», ha dicho Roth. Norbert Wiener, impulsor de la cibernética, determinó sus inicios hacia 1948, cuando publicó Cibernética Control-Comunicación en el animal y la máquina.

Sostuvo las relaciones entre el arte y la ciencia, y fue el primero que vinculó al Golem, los magos y los chamanes -estudiados por Joseph Beuys-. En el Museo de Brooklyn se presentó, en 1966, una muestra organizada por el grupo Experiments on Art and Technology (EAT) dirigido por el ingeniero de los laboratorios de la Bell Company, Billy Klüver y el pintor Robert Rauschemberg.

A comienzos de la década del setenta, artistas, ingenieros y científicos internacionales elaboraron trabajos interdisciplinarios, tomando como punto de partida al Golem. Esta temática, junto a una fuerte preocupación por la condición humana, ha caracterizado siempre las obras de Roth, quien la desarrollo en su exposición «El sueño argentino», presentada en el Centro Cultural Recoleta, en 2000.

Ocho años después, sus pinturas testimonian el enriquecimiento de su mundo onírico, que se expondrá en la Universidad de Siracusa junto a los textos de nuestro máximo poeta.

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