Deja bien claro lo que se propone desde el principio, cuando sostiene que lo mejor que le puede pasar a alguien «es que el fracaso no le enturbie el corazón y que el éxito no se le suba a la cabeza» y su actuación refleja que a él no le han sucedido ninguna de las dos cosas.
Dos números «fuertes» son los dedicados a su época del Conservatorio (implícito homenaje a una de sus maestras,
Ambos números lo muestran en facetas insospechadas. En el primero se permite arremeter con un clásico español y, aunque lo haga en broma, demuestra tener la calidad necesaria para enfrentarse con el teatro en verso.
En el segundo muestra una veta emotiva de alto voltaje y resulta absolutamente convincente. El riesgo es grande, porque en medio de los chistes gruesos que el público celebra ruidosamente, se abre de pronto un espacio de fuerte dramatismo para el que no se está preparado y el espectador responde, dejándose llevar por el actor, conmoviéndose sinceramente.
Por supuesto que el humor político no está ausente y en la conversación telefónica que sostiene con
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