10 de marzo 2006 - 00:00

Primeras dificultades con las programaciones

Mar del Plata - Primeras contradicciones del festival marplatense, inaugurado ayer y (como es habitual), con problemas de organización y agenda: a las 17 nadie tenía todavía sus acreditaciones para ingresar en la ceremonia de apertura, y ya estaban cambiando los horarios de exhibiciones y charlas. Por un lado da buen espacio a la première de un film nacional, y por el otro manda «al muere» un trabajo de recuperación del patrimonio financiado entre el Incaa y el propio Festival. «Yo no puedo hacerme prensa y darme un premio a mí mismo para que vean este trabajo», rezonga el historiador y director del Bafici Fernando Martín Peña, respecto al singular material de los '30 que logró recuperar, y que hoy se pasa en el Colón a las 11 de la mañana sin la menor difusión previa.

Para colmo, casi a la misma hora, en el Auditorium dan la de Kim Ki-duk en competencia, «El arco», y en el Hermitage Susan Sarandon abre una serie de clases magistrales abiertas para todo público, inmediatamente seguida de Tim Robbins. También choca con una película nacional, porque se exhibe en la primera función de la noche.

Se trata de «El boquete», cuyos artistas estarán presentes. Es una comedia grotesca de Mariano Mucci («Pernicioso vegetal») que se anuncia emparentada con la estética de la cumbia villera, con Luis Ziembrowski, Daniel Valenzuela, Mirna Wons, Mario Paolucci, Erasmo Olivera, y, sobre todo, Valentina Bassi y Sandra Smith haciendo pareja.

En cuanto al pariente pobre (y encima viejo) de la jornada, lleva el título provisorio de «El cine secreto de Alfredo Murúa», en referencia al creador de los estudios Side (Sociedad Impresora de Discos Eléctricos, donde Libertad Lamarque hizo sus películas de mejor registro), e inventor del sideton, el sistema sonoro con el cual Argentina pudo hacer cine sonoro y conquistó el mercado iberoamericano sin necesidad de pagarle patente a Estados Unidos. Dialogamos con Peña:

Periodista
: ¿Cómo supo de todo ese material de Murúa, que ahora veremos?

Fernando Martín Peña: Hace muchos años, Víctor Iturralde me presentó a Héctor Lucci, historiador y coleccionista de discos antiguos, y además micromecánico. El material lo tenía él. Se lo había comprado directamente a Murúa, cuando éste vivía todavía en la misma casa de Mármol en cuyo galpón se filmó nuestro primer ensayo sonoro, «Mosaico criollo» (Lucci filmó todo eso, y a Murúa, en súper 8). El archivo de Murúa incluía muchísimos discos inéditos o raros, y 180 latas de películas en nitrato, con negativos 35 mm. muy bien cuidados de grandes títulos nacionales, backstages interesantísimos, y muchísimas rarezas. Lucci le compró todo por los discos, y después puso las latas en venta. Durante diez años traté de comprarlas, o que algún organismo nacional las comprara, sin ningún éxito hasta que en 2000 llegaron al Incaa Tato Miller y José Miguel Onaindia. Tras inventariar el material, el Incaa lo dejó en depósito a Aprocinain, porque no tiene dónde guardar tanto nitrato, que tiene sus riesgos. Desde entonces hemos ido restaurarando varias cosas, fundamentalmente «Mosaico...» y «La ley que olvidaron».


P.:
¿Qué mejores sorpresas se llevó al ir viendo ese material?

F.M.P.: Lo que más me impresionó fue verlo al Negro Agustín Ferreyra, nuestro pionero más importante. Luego, en términos de documento, creo que lo mejor es el registro del rodaje en Córdoba de «De la sierra al valle», porque casi toda esa película se hizo en exteriores, cuando se suponía que no era posible filmar en exteriores.


P.:
¿Qué rarezas hay?

F.M.P.: Cosas pintorescas, como registros del estreno de «Lo que le pasó a Reynoso», la inauguración del Cine Ópera con «Tiempos Modernos», un comercial de sombreros «Flexil», etc.


P.:
¿cómo se recupera un material?

F.P.: Lo más caro es el internegativo, que es el gran aporte del Festival de Mar del Plata para que ahora podamos ver esto en una copia de seguridad, y no en nitrato. El personal del laboratorio Cinecolor y yo trabajamos gratis. Pero lo ideal sería crear de una vez la Cinemateca Nacional, y darle el presupuesto necesario para que este tipo de trabajos no dependan de la mendicidad. Todos tenemos la mejor de las voluntades pero el material a rescatar excede largamente nuestra capacidad de voluntarismo. Hay demasiado por hacer.

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