Aunque de trama tan elemental como las anteriores, la tercera «Rápido y furioso»
gustará a los fans del género por sus carreras de derrape y algún otro toquecito exótico,
ya que está ambientada en Japón.
«Rápido y furioso 3: Reto Tokio» (Fast and Furious: Tokyo Drift, EE.UU., 2006, habl. en inglés y japonés)Dir.: J. Lin Int.: L. Black, B. Wow, N. Kelly, B. Tee, S. Kang, B. Goodman, S. Chiba.
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Con una buena dosis de yakuzas, auténticos delincuentes juveniles, autos alucinantes y choques de todo tipo, sobre todo culturales, la saga de «Rápido y furioso» mejora notablemente en su tercera entrega. Incluso las carreras son más interesantes, ya que la clave es el derrape, debido a los complicados espacios físicos japoneses. Y lo mejor de todo es la idea del honor en el submundo de chicos malos claramente mezclados con la mafia.
En sus mejores momentos, cuando uno de estos forajidos muestra a otro que no importa ganar, sino sentir la magia del vértigo, incluso como forma de seducción, este divertimento descerebrado puede alcanzar picos poéticos impensables en los films anteriores.
Obviamente, la premisa argumental es casi más elemental que la de toda la serie, pero al menos las aventuras de un chico tuerca estadounidense trasplantado al Japón a la fuerza permite detalles pintorescos variados. Hasta aparece el mítico Sonny Chiba (antihéroe de las artes marciales resucitado por Tarantino en «Kill Bill») y hay un divertido cameo de Ving Diesel.
Las carreras de autos son más realistas -es decir menos digitales- que antes, y por una vez los chicos malos son sólo eso, chicos malos y no soplones infiltrados, captando con eficacia el espíritu marginal que debe tener una película del género. Incluso, los muchachos mueren en su ley, demostrando que este tipo de obsesiones kamikaze pueden terminar realmente mal (aunque no es creíble que con tanto peatón suelto en Japón, no haya víctimas inocentes). En la ficción esto es un punto en contra del film (tantos autos rápidos podrían hacer más estragos que Godzilla), pero en la realidad, hay que ponerse casco y abrocharse el cinturón de seguridad, dado que en la Argentina la principal causa de muerte son los accidentes automovilísticos. Por eso sorprende la calificación -apto para todo público con reservas- que este film no tuvo en ningún otro rincón del planeta.
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