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La novela comienza con el apasionante racconto de dos casos de reencarnación (el primero de ellos, lejanamente emparentado con un episodio real ocurrido en Illinois, en 1865).
En cuanto aventura retrofuturista la novela entretiene, pero resulta algo solemne y pretenciosa como alegoría política. Mal que le pese al autor -quien jura no creer en el tema-las mejores páginas de la novela son aquellas que se centran, precisamente, en el fenómeno de la reencarnación.
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