Las obras de Giorgio Morandi (en la muestra «La naturaleza muerta en Italia») permiten disfrutar de la experiencia estética y brindan un respiro al discurso dominante de vincular el arte a lo social y político.
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Para comenzar, el Centro Cultural Borges presenta Entre las obras que llegaron de la Fundación Roberto Longhi de Florencia, sólo ocho pertenecen a
Sin moverse de su Bolonia natal, con terca obstinación,
En la primera, la más representativa, el brillo del jarrón acanalado se contrapone a la severidad de las cajas sabiamente ordenadas. La segunda es una pintura con una atmósfera dorada, en la que vale la pena detener la mirada. Por un lado, las pinceladas dibujan como al descuido las curvas y contracurvas temblorosas de un ramo de rosas y un estilizado florero blanco, mientras por otro, la precisión de un invisible eje vertical le brinda a la obra la serena belleza que vuelve inconfundible el estilo del artista. En suma, la conmovedora fragilidad es sólo aparente, un gesto delicado en el equilibrio de la composición, que contribuye a educar el ojo del espectador.
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