En la línea de Joaquín Cortés y Eva Yerbabuena, Carmen Mesa renueva internacionalmente un arte de varias centurias.
Primero fue con Joaquín Cortés, más tarde con Eva Yerbabuena. Pero ahora, con las presentaciones más acotadas, y siempre llenas, de Carmen Mesa en el Centro Cultural Borges los sábados y domingos, la flamencomanía de los porteños se demuestra más como pasión que como simple curiosidad, como pudo serlo en otro momento. Mesa, bailaora andaluza, nació en la Córdoba española para luego radicarse en Sevilla, que continúa siendo centro del arte andaluz.
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Su espectáculo «Soy flamenca», más allá de la técnica, pone el acento en la cuestión genérica, para abolir -según pretende- la antigua tradición de preponderancia masculina. «El flamenco es patrimonio de la persona que lo sienta, que lo pueda llevar en la sangre y lo pueda expresar. Pongámonos de acuerdo: no tiene fronteras, ni límites ni sexo. Es bueno que haya hombres y mujeres dedicados al baile, el cante y el toque, pero cada uno con su sello, nadie debe olvidarse de que es hombre o es mujer en la forma en que se expresa».
Mesa actúa acompañada por un grupo de cantaores e instrumentistas entre los que se cuentan Jeromo Amador y Manuel Santiago en cante, Héctor Romero en guitarra, Juampi di Leone en flauta y Martín Morales en percusión. Paralelamente, Mesa está desarrollando una serie de seminarios sobre su especialidad.
Periodista: ¿También cree usted que los bailarines de flamenco también lo son fuera del escenario?
Carmen Mesa: Absolutamente. Quien no lo sienta así no es un auténtico artista. El flamenco es una manera de vivir. En mi caso, es parte de mi vida. Desde que me levanto hasta que me acuesto mi existencia respira flamenco. Soy de Andalucía. Nací en Córdoba, pero llevo viviendo en Sevilla siete años. La cultura musical también ha determinado mi vocación por el baile flamenco. Significa también una forma de interpretar el espacio geográfico. El flamenco es una fusión, es una mezcla de culturas que se instalaron en Andalucía. Tiene mucha similitud con la cultura oriental, con la cultura hindú, y juntas han formado una nueva forma cultural.
P.: También está relacionado con la expulsión de los judíos de España en la Edad Media.
C.M.: Sí, por supuesto, tiene que ver con la expulsión de los judíos, pero también la de los indios, de los gitanos que llegaron de Rumania.
P.: ¿Hay gratuidad en los movimientos, son fruto de la improvisación?
C.M.: Improvisación puede haber, gratuidad nunca. Si muevo este brazo (hace una típica rotación de brazo y mano) debo saber por qué lo muevo; todo tiene que tener una razón. Debe ser algo que uno sienta como suyo y que la gente que te está viendo lo pueda respirar. Tiene que haber taconeos, movimiento de brazos y piernas, debe haber una buena expresión corporal, una buena interpretación, se debe saber hacia dónde se va, hacia dónde se dirige lo que estoy haciendo...
P.: ¿Hay una interacción entre bailarín y público?
C.M.: El público debe sentir lo que hace el bailarín, pero el artista tiene que bailar para sí mismo. Si bailas contigo mismo -yo me digo «hoy estás dentro de mí»- a todo el público le va a llegar. Pero no todos los artistas son capaces de lograrlo. Bailar es un complejode muchas sensaciones. Los buenos pies son importantes pero la mujer que baila, y vuelvo a lo mismo, no debe olvidarse de que es mujer.
P.: ¿El flamenco en España continúa siendo un arte masivo?
C.M.: Sí, sobre todo en Sevilla, en Madrid, en Huelva y Córdoba. Siempre hay programación de flamenco en los teatros, hay una Feria Mundial de Flamenco, la Bienal de Flamenco,concursos y peñas, tablaos,y desde luego hay muchopúblico extranjero.
P.: Usted también es docente. ¿Qué limites hay para aprender flamenco?
C.M.: Sentir el baile, sólo eso. Y no es poco. Yo doy cursos de iniciación para gente que está empezando, y hay de diversas edades y distintos niveles de conocimientos. Estoy plenamente convencida que cada persona que se acerque al flamenco debe poseer determinadas cualidades expresivas. Intento buscar las esencias del arte flamenco, más que un registro mecánico de ciertas posturas o movimientos del vocabulario técnico. Hay que bailar con todo el cuerpo y utilizar no sólo la técnica sino también la seducción, la expresión del rostro, el vestuario. El flamenco es un todo. Conocer sólo la técnica de nada sirve.
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