16 de marzo 2005 - 00:00
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• Carrozas de risa
Difícil que haya otro momento como éste. La sala del Colón llena hasta el tope de viejos y jóvenes. Había alegría en el aire. Algunos ansiosos ya canturreaban entusiasmados el «Barrilito de cerveza», versión Feliciano Brunelli.
Cuando bajaron las luces, hubo una exclamación general de felicidad. No estaban todos los artistas, lo que decepcionó un poco. «¿Dónde está mi amiga?», gritaba uno desde la platea, entre las risas generales. Pero Gasalla está trabajando en Punta del Este y China Zorrilla en España. No se puede todo en la vida.
Casi enseguida empezó la película, en una copia nueva, impecable, y volvió el alborozo. El público aplaudía la aparición de cada intérprete en pantalla, como si fuera en teatro. Y aplaudía también el mutis. Y se reía antes de cada frase. ¡Antes, y poco faltaba para que la dijeran todos a coro!
De una encuesta a la salida, se comprobó que los únicos que nunca la habían visto hasta entonces eran una nena de ocho años, y una periodista española, que se prometió volver a verla porque las risas no le dejaron oír casi nada. «No les he dado mi vida. Me llevo la vida de ustedes, en mi corazón», agradeció desde el escenario el comediógrafo Jacobo Langsner. Así fue la noche de homenaje a los veinte años de «Esperando la carroza», una de las mejores ideas que haya tenido la programación del festival de este año.
A señalar, los documentales «Tango, un giro extraño», «Tango salón, la confitería Ideal», y «Los guardianes del ángel», tres lindas miradas al dos por cuatro, para ver como cinco veces. Con otros ritmos, «Samba Riachao», «El milagro de Candeal» y «Música cubana», con un viejo cantante integrado a un conjunto de jóvenes, en una relación tipo Alberto Castillo con Los Auténticos Decadentes, que los lleva del malecón al Japón.
Pero lo mejor en materia de cine y música es «De-Lovely», preciosa e ingeniosa biografía de Cole Porter, para la cual, se nota, han saqueado como 8 viveros, 20 anticuarios, y 3 inmobiliarias. Cuando hacia el final viene el bajón de la vida, el veterano director Irwin Winkler se las arregla para dar un salto y desde ahí despedirnos con una hermosa y casi insólita versión melancólica de «Beguin the Beguin». Una joyita, todavía sin distribuidor en Argentina.
Y un poco de risa para irse con buen sabor de boca, como dice la chaparrita y apetecible Danny Perea, protagonista del pasatiempo mexicano «Temporada de patos». A esa obra, y a la muy buena comedia policial colombiana «Perder es cuestión de método», acaban de sumarse la chilena «Cachimba» (otra vez Silvio Caiozzi sobre texto de José Donoso, y otra vez un infeliz enamorado de una gordita que lo haga feliz), y la hispano-argentina «Seres queridos», con Norma Aleandro como madre judía que recibe por primera vez en su casa al yerno palestino, interpretado por Guillermo Toledo, el protagonista de «Crimen ferpecto». No termina tan bien como empieza, pero es divertida, e incluye a Max Berliner en papel de abuelo chicato y desmemoriado.




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