16 de marzo 2005 - 00:00

Responde el público: hay 10% más que el año pasado

Escena de la finlandesa «Los tres estadios de la melancolía», sobre los niños bajo la guerra rusochechena, presentada ayer en la sección oficial.
Escena de la finlandesa «Los tres estadios de la melancolía», sobre los niños bajo la guerra rusochechena, presentada ayer en la sección oficial.
Mar del Plata - Casi 10% más de público que en 2004 (59.670 espectadores pasaron, durante los primeros cuatro días, por las 18 salas afectadas al festival) es el testimonio de su crecimiento. Sin embargo, los mayores entusiasmos suelen verse fuera de la competencia oficial.

Ayer, tres obras de ritmo apacible (por llamarlo de algún modo), hubo en competición. La argentina «Tatuado», de ambiente rural, con más sugerencias que certezas alrededor de una historia familiar (los 80 espectadores que llegaron al final coinciden en elogiar el desenlace). La marroquí «El niño dormido», también de ambiente rural, con pocos pero raros atractivos en el retrato de una mujer que espera al marido emigrante (se llega al final de un modo aun más apacible). Y la finlandesa «Los tres estadios de la melancolía», sobre los niños bajo la guerra rusochechena: hijos de borrachos criados en una academia militar, huérfanos rescatados de Grozny, donde dicen que hay más ratas que habitantes, y muchachitos de campo, que deberían ser fuertes, pero que al despertar lloran (el final se estira un poco, pero es un buen film).

Será por los 40 grados de diferencia que hay entre Mar del Plata y Helsinki, pero la directora Pirjo Honkasalo no se mostró nada fría al hablar del tema en conferencia de prensa: «¿Alguien ha visto nuevas tomas de Grozny en el último año? La propia BBC siempre muestra el mismo edificio en el mismo estado de reconstrucción, una imagen enviada por el ejército ruso. Nosotras lo escuchamos a Putin diciendo públicamente `Caguense en los chechenos', así, con esas palabras. `Caguenlos a tiros'. La propaganda televisiva es tremenda. Les cortaron el agua y la luz a las ciudades. Hace poco mataron a su presidente y pusieron una marioneta. Pero Putin dijo tantas veces que esta guerra ha terminado, y sin embargo todo sigue cada vez peor. Me pone triste. ¿Dónde están los intelectuales rusos? Las únicas personas que se quejan son las madres de los soldados».

Mientras esto pasaba en el bar del Auditorium, un clima no tan apacible, que terminó presentando varios frentes de tormenta, se advirtió en la sala Versalles, del Hermitage, donde la Unión Argentina de Videoeditores, AUV, con la presencia y participación de Steve Solot, vicepresidente de la Motion Picture Association of America para América Latina, presentó un claro informe sobre piratería y excesos impositivos.

Se pidieron impuestos adecuados, políticas conjuntas contra la piratería, redes informáticas, pero también venta de videos en las farmacias. Se clamó al cielo contra ciertos huecos aduaneros, «lobbies de kioskeros piratas», operadores de cable inescrupulosos, y videos grandes que tienen ventajas impositivas sobre los videoclubes de barrio. Por ahí alguien sugirió que Susana Giménez explique todo esto al público, para que la gente no compre tanto video trucho. Pero según el mismo informe, 50% de la gente prefiere comprar dvds piratas. Son más baratos, y suelen venir con bonus que los legales no tienen, alegando costos operativos.

En las salas, el público reacciona de diversas formas, pero al menos no hace como unos espectadores que fueron a la tarde a ver una de esas que solo deberían programarse en trasnoche, «Supermondo Trasho: unleashed!», y a los diez minutos empezaron a tirar cosas contra la pantalla y reclamaron la devolución de la entrada. Es natural, no solo cada película tiene su público, sino también su horario. Y su sala.

• Carrozas de risa

Difícil que haya otro momento como éste. La sala del Colón llena hasta el tope de viejos y jóvenes. Había alegría en el aire. Algunos ansiosos ya canturreaban entusiasmados el «Barrilito de cerveza», versión Feliciano Brunelli.

Cuando bajaron las luces, hubo una exclamación general de felicidad. No estaban todos los artistas, lo que decepcionó un poco. «¿Dónde está mi amiga?», gritaba uno desde la platea, entre las risas generales. Pero
Gasalla está trabajando en Punta del Este y China Zorrilla en España. No se puede todo en la vida.

Casi enseguida empezó la película, en una copia nueva, impecable, y volvió el alborozo. El público aplaudía la aparición de cada intérprete en pantalla, como si fuera en teatro. Y aplaudía también el mutis. Y se reía antes de cada frase. ¡Antes, y poco faltaba para que la dijeran todos a coro!

De una encuesta a la salida, se comprobó que los únicos que nunca la habían visto hasta entonces eran una nena de ocho años, y una periodista española, que se prometió volver a verla porque las risas no le dejaron oír casi nada. «No les he dado mi vida. Me llevo la vida de ustedes, en mi corazón», agradeció desde el escenario el comediógrafo
Jacobo Langsner. Así fue la noche de homenaje a los veinte años de «Esperando la carroza», una de las mejores ideas que haya tenido la programación del festival de este año.

A señalar, los documentales
«Tango, un giro extraño», «Tango salón, la confitería Ideal», y «Los guardianes del ángel», tres lindas miradas al dos por cuatro, para ver como cinco veces. Con otros ritmos, «Samba Riachao», «El milagro de Candeal» y «Música cubana», con un viejo cantante integrado a un conjunto de jóvenes, en una relación tipo Alberto Castillo con Los Auténticos Decadentes, que los lleva del malecón al Japón.

Pero lo mejor en materia de cine y música es
«De-Lovely», preciosa e ingeniosa biografía de Cole Porter, para la cual, se nota, han saqueado como 8 viveros, 20 anticuarios, y 3 inmobiliarias. Cuando hacia el final viene el bajón de la vida, el veterano director Irwin Winkler se las arregla para dar un salto y desde ahí despedirnos con una hermosa y casi insólita versión melancólica de «Beguin the Beguin». Una joyita, todavía sin distribuidor en Argentina.

Y un poco de risa para irse con buen sabor de boca, como dice la chaparrita y apetecible
Danny Perea, protagonista del pasatiempo mexicano «Temporada de patos». A esa obra, y a la muy buena comedia policial colombiana «Perder es cuestión de método», acaban de sumarse la chilena «Cachimba» (otra vez Silvio Caiozzi sobre texto de José Donoso, y otra vez un infeliz enamorado de una gordita que lo haga feliz), y la hispano-argentina «Seres queridos», con Norma Aleandro como madre judía que recibe por primera vez en su casa al yerno palestino, interpretado por Guillermo Toledo, el protagonista de «Crimen ferpecto». No termina tan bien como empieza, pero es divertida, e incluye a Max Berliner en papel de abuelo chicato y desmemoriado.

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