Con ecos del cine satírico de Berlanga, “La cena”, de Manuel Gómez Pereira, combina humor y drama en una historia coral sobre los vencedores y los vencidos en el inicio del franquismo.
Mario Casas y Alberto San Juan en una escena del film satírico "La cena"
Hay en “La cena”, de Manuel Gómez Pereira, una filiación con el humor político de Luis García Berlanga, en especial con el de su trilogía “La escopeta nacional” (1978), “Patrimonio nacional” (1981) y “Nacional III” (1982). Como en aquellas películas, la historia española del siglo pasado aparece retratada a través de situaciones dramáticas y cómicas a través de una galería de personajes que procuran sobrevivir a las adversidades.
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El film se ambienta en Madrid, abril de 1939. Franco ha decidido celebrar la victoria con un banquete para sus generales en el lujoso Hotel Palace, convertido durante la guerra en hospital, y que está lleno de ratas. El encargado de llevar a cabo la tarea es el joven teniente Medina (Mario Casas), a quien ordenan organizar una cena para sesenta generales, que acompañarán al Generalísimo y su esposa. El maître del hotel, Genaro (Alberto San Juan), un monárquico de derecha que trata de mantenerse neutral, le explica que los mejores cocineros están encarcelados por “rojos”. La solución consiste en sacarlos por un día de prisión para que preparen la comida de sus vencedores. “No va a conseguir ni un solo cocinero que no sea de izquierdas en toda España”, le dice Genaro a Medina.
Entre los prisioneros, a punto de ser fusilados, se encuentra Ángel (Oscar Lasarte), un muchacho de escasas luces; también aparece, en una breve escena, el veterano Antonio Resines, recordado por sus películas de los 80 y 90. Mari (Nora Hernández), una enfermera y novia de Ángel, interviene en los planes que comienzan a gestarse para lograr la fuga de los prisioneros una vez terminado el banquete. También circula por el hotel hospital el falangista Alonso (Asier Etxeandia), representante de esa España violenta que mantendrá el poder durante cuarenta años.
Basada en la obra teatral “La cena de los generales”, de José Luis Alonso de Santos, la película encuentra buena parte de su eficacia en un elenco estupendo. Alberto San Juan compone un Genaro que conoce las reglas del servicio y oculta una sexualidad que lo torna incompatible con el fascismo castizo que le costó la vida a tantos. Mario Casas tiene a su cargo un personaje también plausible. Su Medina es un militar que cree en la disciplina, pero cuya autoridad se resquebraja ante los problemas prácticos y más tarde enfrenta la humillación a la que lo somete Alonso y su propia esposa. Los encuentros entre Medina y Genaro, tan ambiguos, representan algunos de los mejores momentos de la película.
El tono combina con eficacia drama y comedia. Los personajes pueden pasar de una discusión grotesca sobre el menú a una conversación en la que se juega su supervivencia, y esa transición no pierde fluidez y consigue que la amenaza permanezca presente incluso durante los momentos más humorísticos. La ridiculización del Caudillo y su esposa Pilar, sobre todo en el gag donde elogian cierta sopa de mariscos con un ingrediente al que confunden con azafrán, es otro punto fuerte. La representación del dictador dio lugar a interpretaciones muy diferentes en el cine español, en especial la brillante composición de Pepe Sorianoen “Espérame en el cielo” (1988), de Antonio Mercero, otra película que corre en paralelo con “La cena”.
El desenlace, que le vuelve a hacer un guiño a la tradición de Berlanga, encuentra en el absurdo una manera eficaz de mostrar la crueldad y las contradicciones del poder.
“La cena” (España-Francia, 2025). Dir.: Manuel Gómez Pereira. Int.: Mario Casas, Alberto San Juan, Nora Hernández, Oscar Lasarte.