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7 de agosto 2006 - 00:00

"Se improvisa en algo muy delicado"

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Fabio Grementieri, especialista en restauraciones.
P eriodista: ¿Usted es la cara visible de los críticos al proyecto oficial de restauración del Colón o está solo en esto?

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Fabio Grementieri: No. Hay varios especialistas arquitectos y restauradores muy preocupados por cómo han sido encarados el proyecto y la obra de restauración y renovación de este monumento histórico nacional. Hay errores de todo tipo: teóricos,de implementación, falta de control por parte de la Comisión Nacional de Monumentos. Hubo advertencias y planteos por parte de diputados de la ciudad, como Teresa Anchorena, a los que el Ministerio de Cultura de la Ciudad se avino a corregir pero no son suficientes.

P.: ¿Qué se le reprocha al plan oficial?

F.G.: Diferentes cuestiones que ya planteé ante las defensorías del Pueblo de la ciudad y de la Nación. Básicamente, que el denominado «Master Plan» a cargo del Ministerio de Cultura de la ciudad financiado en parte por el Banco Interamericano de Desarrollo, está diseñado y ejecutado por profesionales con escasa experiencia en la materia, lo que pone en riesgo la integridad y autenticidad de la estructura histórica en cuanto a sus formas y funciones, entre otras, a su materialidad y acústica, calificada como la mejor entre todas las salas líricas del mundo. Los responsables y los autores del proyecto se equivocan desde el comienzo al comparar el Teatro Colón con otras salas que no son originales sino copias o reconstrucciones, como son la Scala de Milán, La Fenice de Venecia o el Liceu de Barcelona.

P.: ¿Qué riesgos hay específicamente?

F.G.: La lista de errores es larguísima, pero le digo dos. En el caso de las instalaciones de aire acondicionado, los cálculos fueron hechos pensando sólo en el confort de los usuarios, sin considerar parámetros de conservación de las delicadas y frágiles decoraciones. El trazado definitivo del sistema de climatización queda en manos del contratista exclusivamente, sin contralor alguno. Párrafo aparte merece la liviandad con que se toma la preservación de la excepcional acústica de la sala. Al respecto, el pliego no incluye mediciones actuales y oficiales, y sostiene que los valores acústicos al finalizar las obras deben ser «similares», sin establecer parámetros o coeficientes de comparación. Evidentemente, los responsables del Master Plan creen que la acústica es factor de ajuste y negociación.

P.: ¿Y qué proponen sus críticos?

F.G.: La propuesta de máxima sería rever el proyecto general de lo que está en marcha o queda por hacer. El de mínima que el Jefe de Gobierno haga una suerte de «intervención» en el ámbito del Master Plan y que obligue a que ese equipo esté asesorado por un Comité idóneo, de expertos nacionales y extranjeros, que él mismo tenga opinión vinculante para modificar, quitar o agregar obras que están mal planteadas, no son necesarias o falta definir. Es inadmisible que se haya llegado a este grado de improvisación e imprecisión en el Master Plan y en las licitaciones luego de seis años de trabajo del equipo responsable del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad.

P.: ¿Qué respuestas tuvo de sus presentaciones ante las dos defensorías?

F.G.: En ambos casos solicité que tomen cartas en el asunto. En la Ciudad me dijeron que elevaron mi cuestionario a la gente del Master Plan, y que deben responder en dos semanas; en la Nación que pidieron informes a la Comisión Nacional de Monumentos que debió controlar, modificar o corregir el proyecto si era necesario, cosa que no se hizo.

P.: ¿Hay alguna otra instancia superior a recurrir? Y si la hubiera ¿usted lo intentaría?

F.G.: Internacionalmente está de por medio el BID que puso parte de los fondos para las obras. Es posible que me dirija a ese organismo para advertir de esta situación y la corresponsabilidad que le cabría por financiar sin un debido control de las obras desde el punto de vista de la preservación del patrimonio.

P.: Usted participó recientemente del congreso de restauradores que se hizo en Moscú para alertar sobre el estado precarioe incluso el peligro de desaparición de edificios históricos. ¿Diría que es un caso similar?

F.G.: La situación en Rusia es similar y diferente de la nuestra. Allí por siglos hubo regímenes autoritarios y el patrimonio estuvo sujeto a esto. Y como en otros aspectos de la vida rusa esto continúa, es una inercia difícil de vencer. Pero por otro lado el patrimonio ruso fue dañado por guerras internacionales y civiles. Mucho lo reconstruyeron. Es decir son edificios falsos. En la Argentina por suerte no sufrimos eso. Pero lamentablemente nuestras autoridades se empeñan en no proteger, en cambiar cosas, modificar o eventualmente volver a reconstruir lo que existe y es muy valioso sin razones valederas.

Entrevista de Nan Giménez

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