Sobresalió el ballet Nederlands

Espectáculos

Nederlands Dans Theater II. Dir. Art.: A. Hellstrom. (Teatro Coliseo.)

La vuelta del «Nederlands Dans Theater II» para el Mozarteum Argentino puso en contacto al público, una vez más, con una de las compañías de danza contemporánea más trascendentes a nivel internacional. Su actual director artístico es Anders Hellstrom, y el segundo ensamble (un grupo de jóvenes de hasta 22 años) es uno de los tres en que se divide la compañía holandesa que tiene como sede el Lucent Dansteather en La Haya.

La impronta del checo Jiri Kylián, creador de esta estructura subdivida según edades, sigue viva aunque dejó su cargo de director artístico en 1999; además, la primera obra de este programa mixto es una creación de Kylián. Se titula «27´52´» (la duración de la obra) y en ella intervienen seis bailarines (tres parejas) que interactúan con el espacio y los elementos escenográficos no convencionales.

Escorzos, perspectivas, desplazamientos en distintas direcciones modifican constantemente la relación entre humanos y objetos, como gajos del tapete plástico del escenario y un doble telón corto blanco. Las luces que también se elevan y bajan en el espacio y en intensidad, ofrecen una inestabilidad emocional que se transmite a los cuerpos convulsionados por movimientos y rítmicas, que recuerdan lejanamente el lenguaje de la danza académica. La coherencia de los desplazamientos y los acoples es consecuencia de la técnica refinadísima de los integrantes de la compañía.

«Sob a pele» sobre músicas de Macedo y Jobim es un trabajo del coreógrafo brasileño Enrique Rodovalho, vigoroso y vital. Se forman grupos de dos tres o más componentes que se mueven según los estímulos musicales, en un escenario dividido en sectores por las luces. Algo superficial como propuesta, pero bello e íntimo para ensalzar la sensualidad compartida en el grupo de bailarines.

«Spit» fue lo mejor del programa. Armada con secciones de ballets anteriores del coreógrafo israelí Ohad Naharin. La compañía se expresa en distintas secuencias que tienen algo arcaico y posmoderno a la vez. Bailarines descalzos que se manifiestan rítmicamente, con movimientos originales y que gracias a la personalidad del coreógrafo, pueden organizar el aparente caos en una secuencia bella que funciona con fragmentos de Monteverdi, música rock, palabras y percusión, entre otras fuentes sonoras. Luces y vestuario se suman a este cosmos no tradicional y provocador.

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