Solo, al piano, Páez canta mejor

Espectáculos

Presentación de «Rodolfo». Fito Páez (voz, piano, guitarra). Invitados: G. Aloras (voz), Pilo (armónica), Vandera (voz) y C. Debernardi (voz, guitarra). ( Teatro Opera, 5 al 7 de octubre.)

Hace muchos años Fito Páez se había atrevido con un concierto en formato camarístico junto al bajista Guillermo Vadalá en el teatro Alvear. Después, en épocas en que estaba presentando su álbum «Abre», dejaba espacio en sus shows para hacer algunas canciones acompañado exclusivamente por su piano acústico. Esta vez, la situación se dio casi por casualidad. Páez estaba terminando su última película, «¿De quién es el portaligas?», cuando se sentó al piano y empezó a desgranar una serie de canciones; personales, directas, cargadas de texto, reflexivas. Y así, casi sin mayor trabajo de producción, como si fueran maquetas emprolijadas, llegaron al disco «Rodolfo», que ahora presentó en vivo y que está entre lo más sólido que ha dado musicalmente el rosarino en los años recientes.

No es que estos valores no aparecieran otras veces en Fito Páez. Pero esta concentración de un músico que encuentra su mejor instrumento en el piano de cola y que no está obligado a pelear vocalmente con una banda de rock and roll, lo lleva a dar lo mejor que tiene: su capacidad para hacer canciones que hablan de su propia historia, de sus afectos, de sus separaciones, de sus amigos, de sus preocupaciones. Ya desde lo escenográfico, resultó muy raro verlo a Páez sentado frente al piano y sin más escenografía que algunas imágenes oníricas, apenas referenciales, que se proyectaban sobre el fondo. Y apenas con eso -o gracias a esa austeridad- cantó, mejor que muchas otras veces, casi todo su nuevo trabajo que incluye un par de piezas instrumentales y unos cuantos títulos anteriores reformulados para este acompañamiento minimalista.

Así interpretó, por ejemplo, clásicos suyos como «11 y 6», «Detrás del muro de los lamentos» (un tema inspirado en la música peruana que grabara para «El amor después del amor», o «Polaroid (de locura ordinaria)». Y únicamente se calzó la guitarra eléctrica para hacer una versión de fogón de su también clásico «Ciudad de pobres corazones».

Como para cerrar el círculo de este formato intimista, estuvieron como invitados algunos amigos músicos: Coki Debernardi, Vandera, Pilo y Gonzalo Aloras. Y se sumó al público para un coro «a capella» de «Yo vengo a ofrecer mi corazón».

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